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NUESTRO ACOMPAÑAMIENTO A LA VIÑA

NUESTRO ACOMPAÑAMIENTO A LA VIÑA

«Y la poda es clave en la domesticación de la viña, a nivel de individuo. De cuidados. De responsabilidad. Porque la poda de inverno puede encarnar el acto más agresivo y violento hacia la viña si no somos capaces de tener cuidado, escuchar, observar, tomar conciencia de cada acto, cada gesto, de cuestionarnos y de establecer una relación con el entorno, con la viña que domesticamos.¨ 

Sara Pérez

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ROC Y LA ACADEMIA DE PODA

ROC Y LA ACADEMIA DE PODA

Hoy la conversación se da entre Sara Pérez y Roc Gramona. Roc es hijo de una empresa que este año lleva 100 años dedicada a la viticultura y al mundo del vino en el Penedès. Enólogo y apasionado del viñedo. Se define como «un enólogo que poda de vez en cuando»

Al frente de la Academia de Poda se dedica, junto con otros profesionales del sector y del Penedès, a formar y enseñar la metodología de la poda de respeto desde 2014. Una metodología sensible y respetuosa con el viñedo. Un oficio, el de podar, perdido por la progresiva mecanización que han ido sufriendo nuestros cultivos.

Ahora mismo, la Academia de poda está ofreciendo un Curso Superior en Poda de Respeto: protección y longevidad del viñedo bajo el paraguas de la Fundación URV. Una relación curiosa entre una entidad de alma renovadora y una institución muy academizada, como una Universidad. La historia se remonta a los inicios de la Academia. Gramona trabajó con Simonit & Sirch de 2010 a 2012 y allí tiene su primer contacto directo con esta metodología que no es innovadora pero sí recuperada. Su padre, como director del clúster INNOVI, se dio cuenta de que en la península no había ninguna escuela ni posibilidad de formarse en poda, en contra de lo que ocurría en otros países como Francia o Italia. De ahí la idea de crear una escuela de poda. La relación con la Universidad vino de forma natural, ya que es allí donde el padre trabajó como profesor y donde él, Roc, se ha formado como enólogo, una institución que “se aman con todas sus virtudes y todos sus defectos”, como bien nos explica. Una actualización de conocimientos totalmente necesaria porque divulga una visión que difiere de la metodología más tradicional hasta ahora transmitida. Una metodología, esta de la poda de respeto, que tiene como rasgo fundamental la longevidad de la planta y su equilibrio, entendiendo equilibrio como salud, no centrada sólo en la producción o relación grado/acidez/pH. Una visión holística del trabajo más importante en el viñedo.

Con la idea de no banalizar conceptos (como pasado con la sostenibilidad, por ejemplo) y con el fin de unificar criterios, queremos que nos explique de dónde sale este término de poda de respeto y con qué actitud, qué expectativa y qué recorrido tiene. Y entonces nos da un poco de historia para poder entenderlo todo mejor, sobre todo para entender por qué se la conoce como poda italiana si ellos no la han inventado. Pero el trabajo de reconocimiento de la metodología sí nace en Italia.

En un momento en que la edad media de nuestros viñedos se está reduciendo debido a la mecanización, como en otros sectores, ha hecho que cambiáramos nuestra forma de entender la viticultura. Hacia los 70/80 empezamos a transformar las fincas y cambiamos

la formación en vaso de la viña por el emparrado. La poda del vaso permite crecer la planta y ramificar, un concepto muy importante. En cambio, en el emparrado hay un alambre, lo que hace es limitarla, ponerle barreras, frenarla. Un hilo que cambia el comportamiento natural del viñedo drásticamente.

Y poco a poco, vamos transformando la forma en que podemos el vaso. Un vaso que siempre habíamos podado perfectamente, ahora empezamos a rebajarlo, le hacemos heridas excesivas… Y después de 40 años nos damos cuenta de que las plantas se secan, que no son plantas sanas.

Y eso, los primeros que se dieron cuenta fueron los italianos (Simonit & Sirch). Supieron detectar este problema antes que nadie y lo recogieron, observaron y transmitieron. Han encontrado la manera de enseñar este “bien común” (como muy bien dice Roc) de forma simple y eficaz a los equipos de campo de las bodegas.

La poda de respeto no deja de ser esa poda olvidada, que ya habíamos utilizado en casa durante muchos años y que nos aseguraba una planta longeva. Como el cordón trenzado o el vaso en nuestra casa, la Chablis en Francia, el de Jerez (vara y pulgar), mucho más complejo.

¿Y la poda tradicional versus poda de respeto? Le preguntamos. Para él, la poda tradicional es aquella poda que empezamos a utilizar en los años 80, cuando nuestra mentalidad cambia el sistema de formación y transforma nuestra forma de podar, a una poda mucho más mecanizada, mecanizable. “Yo creo que la gran mayoría de gente, cuando se refiere a la poda tradicional, se refiere a esto, que es un nombre que no se adecua porque para mí la poda tradicional en serio, debería ser esa poda de toda la vida, hecha en vaso…” las podas olvidadas. Esta poda de toda la vida, la que deberíamos llamar tradicional, pero hemos malentendido el nombre.

“Quizá lo difícil es darse cuenta de que no sabemos podar. Aceptarlo. Volver a conectar, para dejar fluir la intuición acompañando a la planta y su crecimiento, entendiéndola, observándola” apunta Sara que está también siguiendo el curso de la Academia.

Una forma de simplificar la poda para poder explicarla a los temporeros, para facilitar el trabajo en la parte productiva. Aunque para llegar a esta simplificación se debe mirar la cepa, interpretar su vigor, sus ramificaciones, los entrenudos, determinando si es necesaria una poda más larga o una poda más corta, la varietal, qué producto final queremos. todo esto teniendo en cuenta sus 4 puntos principales:

Dejar ramificar, dejar crecer la planta. Es el primer concepto, el más simple y necesario de todos y el más rompedor porque invierte la tendencia de estos últimos años de rebajar la planta. Si seguimos este concepto, las heridas provocadas por la poda son más pequeñas y, por tanto, la capacidad de cicatrización de la planta es más alta.

Seguir el flujo de savia, aunque dependiendo de la formación se puede seguir más o menos. El vaso, al tener más movimiento, te permite seguir mejor las inercias de ramificación, elegir mejor por dónde pasa el flujo de savia.

Y en los últimos puntos, la madera de respeto y el corte a corona, dos criterios que se pueden resumir en uno solo, realizar cortes en la madera de 1 ó 2 años y con respeto porque la planta no es capaz de cicatrizar.

 “Como todo es un conocimiento que se debe saber asentar y poder reflexionar sobre por qué lo estamos haciendo, cuáles son las necesidades de cada finca (…) Es decir, como en los vinos naturales: no por no añadir sulfuroso eso será un vino natural. (…) va mucho más allá”

La poda de respeto es, en definitiva, una metodología de poda que no nos queda tan lejos en el tiempo y que ha permitido que viñedos de más de 100 años lleguen a nuestros días. Una poda para recuperar y seguir viendo viñedos viejos en nuestros campos.

Gracias Roc por tu tiempo, por tu sinceridad y la forma tan clara de explicarlo.

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PODA JOSEP LLUÍS Y MONTSE

LA PODA INTELIGENTE DE JOSEP LLUÍS Y MONTSE EN LOS INICIOS DE MAS MARTINET

En las regiones vitivinícolas como la Borgoña, los vinos de calidad se producen en pendiente pronunciades donde los suelos poco fértiles facilitan el control del vigor de las cepas y producen una uva de calidad extraordinaria. En cambio, en los llanos donde han sedimentado los terrenos meteorizados y transportados de las pendientes, los suelos suelen ser muy fértiles y normalmente se utilizan para el cultivo de forraje.

A partir de los años noventa, cuando los vinos del Priorat empezaban a ser reconocidos por la prensa internacional, se nos presentó una duda en cuanto a la utilización de las variedades tradicionales como la Garnacha y la Cariñena, en las nuevas plantaciones en terrazas. ¿Podríamos mantener la misma calidad y personalidad de los vinos de viñas viejas, con estas uvas de viñas jóvenes?

Paseando por las viñas jóvenes, en tiempos de vendimia, observamos que de los sarmientos delgados colgaban uvas sueltas, que destacaban por su maduración homogénea, en cambio en otros sarmientos de un diámetro superior, los racimos eran compactos, de bayas grandes y apretadas. Tomamos la decisión de cuantificar esta relación haciendo un pequeño estudio estadístico que nos confirmó nuestra observación y nos encaminó hacia la búsqueda de sarmientos más delgados, para obtener una mejor calidad de la uva, controlando el vigor de la cepa.

Una manera de obtener estos sarmientos más delgados, según observamos después de descartar algunas opciones, fue optar por aumentar el número de sarmientos. Pero para hacerlo necesitábamos espacio y, en nuestro caso, las cepas estaban formadas y el brazo estaba limitado. Por eso, utilizamos un doble emparrado en una de las fincas donde trabajábamos y, en la otra, ideamos el sistema del emparrado circular.

Teníamos claro el diámetro aproximado que debían tener los sarmientos de nuestras viñas, pero no sabíamos cuántos sarmientos por planta necesitábamos. Así que estudiamos cómo tenía que ser nuestro sarmiento “ideal”. Para hacerlo teníamos que pesar cada sarmiento para saber su peso en gramos y, con ello, descubrir su peso medio. El peso medio que nos era necesario para obtener una uva de morfología óptima. 

Sin entrar en más detalles, finalmente apostamos por una poda inteligente para dejar el número de sarmientos adecuado al vigor de cada cepa con la finalidad de repartirlo y así incidir directamente en la calidad de la uva.

 

Más adelante, podréis encontrar más información de este tema y otros igual de interesantes en un nuevo apartado de www.masmartinet.com dedicado exclusivamente a los estudios y experiencias de Josep Lluís Pérez y Montse Ovejero.

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PODA, RESPONSABILIDADES Y OTRAS DOMESTICACIONES…

PODA, RESPONSABILIDADES Y OTRAS DOMESTICACIONES...

Aunque no prestemos atención a las alteraciones que hemos provocado durante milenios y las hagamos naturalizado y, ya lejos de sorprendernos, las sentimos justes y necesarias, no nos redime de ser, día a día y por siempre jamás, responsables. Y una de estas alteraciones brutales a la que dedicamos meses cada año de nuestras vides es la poda de invierno.

La poda es el acto de rejuvenecer año tras año una planta para que nos dé más frutos de los que ella necesita para reproducirse.

¡Uau! ¿Cómo es posible que hayamos conseguido esta alteración de la vida natural en nuestro provecho?

Pues a través de la domesticación, que es el proceso provocado y guiado por el ser humano en que plantas y animales pasan del estado salvaje al estado doméstico para conseguir alimentos u otros recursos. El descubrimiento de la agricultura, del conreo de plantas y de la domesticación de éstas es el eje vertebral de la revolución del neolítico, hace 11.000 año. ¡La primera gran Revolución!

Y llamamos revolución a la creación a escala planetaria de nuevos paradigmas, y la primera tiene que ver con desatarse de las leyes naturales, de los equilibrios naturales vividos hasta el momento. Tiene que ver con cómo el ser humano modifica el entorno a nivel planetario.

Así entendemos la domesticación como la modificación de caracteres morfológicos, fisiológicos y hasta comportamentales, nuevos y hereditarios, debido a la interacción y a la intervención prolongadas y hasta una selección deliberada por parte del ser humano. Y así hemos centrado la evolución de nuestra cultura occidental en la modificación y el control del entorno… para podernos creer el ombligo del mundo.

De hecho, es solo una manera de ver, podríamos habernos centrado en la observación de la naturaleza, como eje de nuestra cultura, y hubiésemos encontrado respuestas distintas, y nos hubiésemos relacionado con el entorno de manera distinta. Pero no.

Para entender este afán de domesticación hemo tenido en cuenta que ocurre a dos niveles, el nivel de especie (que es un nivel histórico, casi planetario, y que tiene que ver sobre todo con la selección) y el nivel de individuo (o de comunidad, y todo lo que tiene que ver con el cuidado directo de la planta o plantas domesticadas aquí y ahora).

Y uno de los procesos más intensos a nivel de individuo es sin duda la poda. La viña no quiere ser podada, la viña se ramifica, sube hacia arriba, se tuerce, se engancha, se aleja, crece, crece, crece y nosotros le damos un espacio pequeño donde moverse, donde crecer, siempre insuficiente. La tutorizamos, la cortamos, la conducimos, la rebajamos, la rebajamos, la rebajamos.

Y la poda, que es el proceso que nos ocupa, es clave en la domesticación de la viña, a nivel de individuo. De cuidados. De responsabilidad. Porque la poda de inverno puede encarnar el acto más agresivo y violento hacia la viña si no somos capaces de tener cuidado, escuchar, observar, tomar conciencia de cada acto, cada gesto, de cuestionarnos y de establecer una relación con el entorno, con la viña que domesticamos.

De hecho, creo que en el cuidado de la vid aquí y ahora, prefiero mil veces la acepción de domesticación de El pequeño principito, A. Saint-Exupéry, 1943.

– ¿Qué quiere decir “domesticar”?
– Es una cosa demasiado olvidada —dijo el zorro—. Quiere decir “crear lazos”…
– ¿Crear lazos?
– Claro —dijo el zorro—. Para mí, de momento solo eres un niño igual que cien mil otros niños. Y no te necesito. Y tú tampoco no me necesitas. Para ti, solo soy un zorro igual que cien mil otros zorros. Pero, si me domesticas, nos necesitaremos el uno al otro. Para mi serás único en el mundo. Para ti, yo seré único en el mundo…

(…)

– Solo se conocen las cosas que se domestican —dijo el zorro—. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Compran cosas hechas a los comerciantes. Pero como no hay comerciantes de amigos, los hombres ya no tienen amigos. Si quieres un amigo, ¡domestícame!
– ¿Qué hay que hacer? —dijo el pequeño principito.
– Se tiene que ser muy paciente —respondió el zorro. Para empezar, te sentarás una poco lejos de mí, así, en la hierba. Yo te miraré de reojo y tú no dirás nada. El lenguaje es una fuente de malentendido. Pero cada día te podrás sentar una poco más cerca…

 Y observar. ¿Qué esperamos de la viña?, ¿qué queremos obtener? ¿qué damos a cambio?, ¿cómo facilitamos su crecimiento? ¿su evolución? ¿cómo la cuidamos? ¿cómo la permitimos?

Y así la poda podrá ser un acompañamiento, un entender, un comprender fruto de la observación de la naturaleza, y podremos permitir a las plantas crecer y crecer y ramificarse y expandirse… y a lo mejor un día, nos habremos dejado domesticar por la viña.

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ENTENDER Y SENTIR NUESTRA TIERRA. MÉTODO HERODY.

ENTENDER Y SENTIR NUESTRA TIERRA. MÉTODO HERODY.

Hablar de suelos vivos implica hablar de Herody y su método de reconocimiento de suelos. Ya hace tiempo que aquí en Mas Martinet, participamos en una formación impartida por Jean Pierre Scherer, experto en edafología y agricultura biológica, en la que se explicó este método que nos acerca a nuestros suelos con técnicas muy sencillas y de fácil comprensión.

Un método que implica ir a la viña… elegir un punto a reconocer y hacer un agujero. Un agujero de unos 45/50 cm de profundidad. Lo ideal sería llegar a encontrar la roca madre, pero esto no siempre se consigue fácilmente. Tendremos que hacer tantos agujeros como perfiles de suelos tengamos. Tomaremos muestras de tierra de dos horizontes, de la parte más superficial y de la parte más profunda, para detectar diferencias de color, estructura, humedad… También conoceremos la composición, el nivel de PH del suelo y, con él, la capacidad de asimilación de minerales. Y, en definitiva, obtendremos una fotografía del estado de fertilidad en que se encuentra nuestro suelo.

Poder hacer un churro o un croissant con la tierra algo húmeda nos puede decir el nivel de arcilla de nuestro suelo. Añadir unas gotas de agua oxigenada en la tierra y escuchar su reacción nos permitirá saber el nivel de actividad de la materia orgánica y su facilidad de degradación. Conocer el PH, el nivel de acidificación, nos explicará la capacidad de asimilación de minerales.

Pero como análisis cualitativo aquí «no hay nada ni bueno ni malo. Cada suelo tiene su genética. Y cada suelo tiene su potencial» nos dice Sara Pérez mientras observa la muestra de tierra y va sacando las partículas más grandes.

De entrada, el Priorat cuenta con un clima que mineraliza, que genera mucha materia orgánica móvil (que quiere decir que se degrada con mucha facilidad). Y nuestros suelos no son calcáreos, tienen muy pocas arcillas, es decir poca capacidad de captación de materia orgánica. Y esta poca que hay se moviliza fácilmente y, por tanto, con las lluvias lixivia (se disuelve) y se pierde. «¿Y qué hacemos? Pues… todo aquello que culturalmente sabemos que favorece al humus estable, la humificación en el suelo« nos sigue explicando. Como sería la utilización de la paja como cubierta, para no favorecer la mineralización. Pero sin pasarnos, porque durante mucho tiempo, sabiendo de donde partíamos hemos estado utilizando compuestos muy maduros, cubiertas vegetales, sin labrar… quizás hemos ido al otro extremo.

«Lo ideal sería, que consiguiéramos en la parte de arriba (en el horizonte más superficial) el humus, que es la parte orgánica estable, y donde viven gran parte de microorganismos que transforman» nos explica Pere Vall.

Y volvemos a tapar el agujero y bajamos las muestras en el laboratorio de la bodega. Para dejar que la tierra se seque completamente y así aprovecharla para hacer cromatografías. Y seguir analizando y guardando estos análisis en nuestro archivo. Para poder comparar con los años que vengan y conseguir indicadores fiables que nos expliquen de dónde venimos y hacia dónde vamos. Si el suelo está envejeciendo y perdiendo su fertilidad o si estamos consiguiendo revertir este envejecimiento y mejorando sus condiciones con nuestras actuaciones.

Entender y sentir nuestra tierra.

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AGRI_CULTURA BIO_LÓGICA

AGRI_CULTURA BIO_LÓGICA

Hace 15 años empezamos con Josep Lluís, después vinieron Sara y Pere.
Con unos ojos y una mente abiertos, capaces de escuchar y hacer mucho más allá. Capaces de atender a todo lo que sucede en su entorno y de hacer mucho más allá. De enseñar y aprender. De compartir.

Suelo y sol. Materia orgánica y minerales. Vida y microbiología.

¿En el Priorat? Sí, sí, en el Priorat
Y sin labrar, ¿dices? Sí,sí.
Pero si hace mucho calor!!
Agri_cultura bio_lógica

Las hierbas hablan, te explican qué ocurre allí abajo
¿Y los microorganismos también? ¿Muchos? ¿En el Priorat?

Los ojos y la mente siguen abiertos
y hablamos de ciclos, de energía, de esa energía que transmite la Luna, de esa energía que transmite la vida y que mueve el mundo. Bio_dinámica

¿Y cómo lo sé? Porque lo siento porque lo transmito, en el viñedo y en el vino

Una transición, una más, un camino que sigue y que no para, un camino sin fin.
Siempre puedes dar un paseo más, lo importante es una buena base, unos buenos pilares

Esta es mi experiencia con Mas Martinet, una experiencia que cada vez tiene mayor dimensión
Sencilla pero no simple
Intensa pero fluida

Un ejemplo de que hay formas de trabajar con el suelo y con el territorio que van más allá de lo que siempre nos han dicho, una agricultura regenerativa, de mejora de la fertilidad del suelo, esa fertilidad que hemos perdido y que es necesario recuperar para poder realizar una cultura-lógica-dinámica que pueda verse reflejada en el entorno y el producto final.

Y cerrar de nuevo el ciclo

La interrelación entre la vida, el viñedo y las personas ha cogido aquí un cariz especial, una dimensión continua en lugar y tiempo.

Josep Ramon Saiz – Suelo Vivo

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¿VENIMOS O VAMOS AL DESIERTO?

¿VAMOS O VENIMOS DEL DESIERTO?

Las plantas han sido durante mucho tiempo uno de los principales enemigos de nuestros cultivos sobre todo en la agricultura intensiva, que ha utilizado toda la tecnología y técnicas que tenía al alcance para luchar en contra. Pero ya los mesopotámicos las utilizaban para valorar las tierras como indicadoras de fertilidad.

Cuando hablamos de cultivos, hablamos de una modificación de la naturaleza a nuestro gusto. Pero para mandar sobre la naturaleza primero hay que obedecerla. Debemos entender que la naturaleza se rige por unas leyes. Si entendemos cómo funciona la naturaleza, comprenderemos mejor nuestros cultivos y el suelo sobre el que se encuentran.

El suelo es una creación natural que resulta de la acción del clima y de los microorganismos sobre el material original o roca madre, situado en la superficie de la tierra durante cientos de años. La agricultura ecológica contempla el suelo como un ente vivo base de la fertilidad, por lo tanto, de nuestra producción. Es un ecosistema formado por millones de organismos y dependiendo de nuestras actuaciones podemos mejorarlo o empeorarlo.

Hoy día se sabe que las plantas, por sus raíces exudan una enorme cantidad de azúcares para alimentar, precisamente, la microbiología, la que, a su vez, aportará minerales en la planta. Y la planta selecciona qué microbiología necesita en función del mineral que ella necesita en cada momento. Es una relación de muchos millones de años que apenas estamos intentando entender. En todo caso, este mundo oculto que hay bajo nuestros pies, a estas alturas es desconocido, se conoce sólo una pequeñísima fracción de la microbiología del suelo (2/3%)

El suelo es muy importante pero el manejo que hacemos del suelo hará que vayamos hacia una mejor fertilidad, o una peor fertilidad. Debemos entender qué es, cómo funciona, quien vive allí, como está organizado… porque está claro que la salud de nuestro suelo también será la salud de nuestras plantas. Y las plantas bioindicadoras serán una herramienta de diagnóstico de esta salud.

Un suelo fértil y vivo funciona de entrada con una infiltración del agua que alimenta las capas freáticas que, a su vez, harán de depósito de almacenamiento de agua que volverán a poner a disposición de las plantas cuando venga la época seca. Hay unas aportaciones de minerales, tanto a través de los restos orgánicos, como a través de la descomposición de las rocas originarias. Hay una microbiología (bacterias y hongos) aeróbica y una anaeróbica. Estos minerales son capaces de ser almacenados en un complejo arcillo-húmico o complejo de cambio (partículas finas de arcilla y humus) – la gran reserva de nutrientes en el suelo –

Desafortunadamente a pesar de los muchos años que se necesitan para formar el suelo, se puede destruir en muy poco tiempo. Es la realidad de los suelos de Europa y de los suelos del mundo moderno, que han visto reducida la cantidad de materia orgánica que contenían a la mitad. Recordemos que el contenido en materia orgánica es lo que nos dice si el suelo es o no es fértil. Y, desgraciadamente, es un recurso no renovable, al menos a escala humana.

La inmensa mayoría de las tierras agrícolas tienen problemas de lixiviación (se ha perdido la estructura), tienen problemas de escorrentía porque hay encostramientos superficiales, se encuentran desprotegidas y el agua en lugar de infiltrarse, corre por la superficie (cuanto más pendiente hay, más corre); tienen problemas de erosión, problemas en humidificar la materia orgánica (que se fosiliza -no está disponible para los microorganismos – bien porque le ha faltado nitrógeno a la hora de humidificar o las condiciones climáticas que se han dado en el momento de humidificar -se no le ha permitido) y barreras físicas provocadas por la misma maquinaria que usamos para trabajar que bloquean la liberación de minerales. La porosidad que necesitamos y queremos que tenga nuestro suelo se pierde.

Toda esta degradación del suelo viene provocada inicialmente cuando destruimos el bosque (la vegetación espontánea de una zona) para trabajarlo en forma de cultivo. Disminuye de forma drástica la biodiversidad (tanto la aérea como la edáfica) y comienza la pérdida de fertilidad, la compactación, la erosión y la falta de capacidad del suelo de realizar sus funciones básicas, entre otros almacenar y purificar el agua. La desertificación puede ser un viaje de no retorno en muchos casos que tenemos que procurar evitar (ejemplos de esta desertificación es el norte de África, que le consideraba el granero de Roma y los Monegros, una zona de bosques de Encinas)

Este empobrecimiento de minerales repercute también en nuestra alimentación y, como consecuencia, a nuestra salud con carencias de micronutrientes que se muestran en un% elevado de la población total mundial.

La otra cara de la moneda, por lo tanto, es tratar las hierbas como aliadas. Las hierbas tienen muchas utilidades y funciones en nuestros ecosistemas agrarios. Una de estas funciones es prevenir la erosión. Cuando la tierra está cubierta y gracias a sus raíces facilitan la infiltración del agua y previenen la escorrentía. Facilitan el ciclo de nutrientes que absorben mediante sus raíces y emiten a través de sus hojas que de otro modo tendríamos que aportar de manera forzada con nuestro trabajo. Las hierbas también aportan materia orgánica que se irá descomponiendo y produciendo carbono y, por tanto, aumentando la capacidad de retención de agua, también. Y eso, en su parte aérea nos aporta biodiversidad que repercute, a su vez, en la biodiversidad del suelo.

Los beneficios son muchísimos, desde los aspectos biológicos y la formación de humus, como la biodiversidad, como a nivel ambiental, de erosión, de reciclaje del agua, de depósito de agua, de regulación térmica… entre otros. Lo que hay que ver es cómo la gestionamos para que no interfiera en nuestro trabajo. Pero lo que está claro es que tal vez no se trata de malas hierbas, como se creía hasta hace poco.

Las hierbas nos sirven como herramienta para diagnosticar una situación determinada en nuestro cultivo. La mayoría de los diagnósticos que hacemos a partir de observar las plantas bioindicadoras de una parcela determinada, hoy en día, nos da un resultado de desertificación. Vamos hacia el desierto o venimos del desierto y vamos hacia algún lugar mejor. En función del diagnóstico y las prácticas que hacemos deberemos entender cuál es nuestra situación, en qué contexto se encuentra (en qué dirección va).

El método del diagnóstico basado en las plantas bioindicadoras ha sido desarrollado por Gérard Ducerf (botánico y campesino) que se preguntó porque crece aquí una hierba y no crece allí. Y ha dedicado toda su vida a esta investigación hasta publicar, entre otros, la Enciclopedia de Las plantas bioindicadores medicinales y alimentarias (en 3 volúmenes)

Las semillas no germinan porque si, sino que deben darse las condiciones idóneas para su desarrollo. El banco de semillas del suelo es un recurso que tiene la naturaleza porque precisamente cuando hay un desastre pueda revegetar la naturaleza rápidamente. 1 m3 de suelo puede contener de 4000 a 20000 entonces diferentes que se pueden conservar entre 10 y 30 años como mínimo. ¿Qué es lo que rompe esta latencia? Intervienen diferentes factores como la luz, la estructura del suelo, la geología del suelo, la vida aeróbica y anaeróbica, las prácticas agrarias que haya sufrido aquella tierra y la compatibilidad. Cada especie tiene su código específico de condiciones de rotura de la latencia. Y por esta razón, identificar la especie nos ayudará a interpretar qué pasa en nuestro suelo en ese momento determinado. El método de diagnóstico del suelo tiene en cuenta las diferentes especies que reconocemos, la densidad en la que se encuentran y el coeficiente de recubrimiento, entre otros.

Es por tanto una de las maneras para reconocer el estado de salud de nuestros cultivos y del suelo en el que se encuentran.

Gracias Neus Vinyals, de la Asociación La Era, por habernos permitido asistir al curso práctico de Diagnosis del Suelo a partir de las Plantas bioindicadoras organizado por la DO Montsant el pasado día 28 de abril.

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UNA PEQUEÑA CONTRIBUCIÓN CONTRA EL CAMBIO CLIMÁTICO. BIOCHAR

UNA PEQUEÑA CONTRIBUCIÓN CONTRA EL CAMBIO CLIMÁTICO. BIOCHAR.

Carbón Vivo es una cooperativa de trabajo sin ánimo de lucro que tiene como objetivo valorizar los residuos y, en concreto, la democratización del Biochar (biocarbón). Javier Fernández, miembro de la cooperativa nos explica de manera muy comprensible qué es y para qué sirve este carbón vegetal tan especial.

Biochar es una palabra bastante nueva que sirve para diferenciar el carbón vegetal tradicional de este biocarbón. Un tipo de carbón con muchas aplicaciones, entre ellas la agronómica. A diferencia del carbón vegetal que conocemos, es que el biocarbón nunca se debe quemar. Y esto es lo que le hace tan importante medioambientalmente, porque el Biochar está considerado por el IPCC (Intergovernmental Panel on Climate Change), el comité científico de la ONU que estudia el cambio climático, como una de las 6 herramientas de emisiones negativas válidas para combatir a los efectos del cambio climático.

El Biochar da una estabilidad muy interesante y duradera al carbono que expliqué. Es decir, garantiza que el carbono no se volverá a emitir como CO2 entre 700 y 3000 años. No se degradará por la acción de los microorganismos, que son los que lo oxidan y lo vuelvan a emitir. Esto es lo que ocurre con la materia orgánica normal, si la dejamos al sol o hacemos un proceso de compostaje se degrada por la acción microbiana y se vuelve a emitir como CO2. La naturaleza es carbono neutro. Todo lo que absorbe, a la larga, vuelve a emitirse, por lo tanto, resulta totalmente equilibrada. Eso sí, durante esta transición, hay muchos beneficios para los ecosistemas. Pero precisamente en nuestro planeta tenemos un problema de exceso de CO2 y por esta razón, las herramientas de este tipo (Carbono Negativas) son muy interesantes. La madera de las plantas que cuenta con el Carbono (captado por las hojas durante la fotosíntesis) se carboniza y entonces le da esta estabilidad y durabilidad.

Otra característica del Biochar que también es interesante, es el hecho de almacenarlo en el suelo. Hay dos principales sumideros naturales de carbono. Uno de ellos: los océanos. A estas alturas están saturados, pero no pueden parar de captar CO2, que se va disolviendo en el agua y, como consecuencia, nos provoca una acidificación de las aguas. Este es un hecho muy peligroso que está comportando la desaparición de especies que no pueden vivir en este PH tan ácido. El otro sumidero natural es el suelo. El suelo tiene una capacidad enorme de almacenar carbono y, por esta razón, el hecho de aplicar Biochar en nuestros cultivos, hace que quede almacenado de manera segura. Además, este almacenamiento nos conlleva muchos beneficios para todo el ecosistema del suelo. Normalmente solemos hablar de deficiencia de materia orgánica en nuestros suelos. Pero el 50% de esta materia orgánica es carbono orgánico que es lo que, en gran medida, es el Biochar: carbono orgánico estable que quedará en nuestras tierras entre 700 y 3000 años.

Como todo, pero, no todo lo que se vende como Biochar tiene las mismas propiedades ambientales y agronómicas. Hay dos organismos internacionales que se dedican al estudio y la investigación de este biocarbón: IBI (International Biochar Iniciative) y el Instituto Itaca. Dos organismos científicos, aunque el segundo tiene una mirada científica y ecológica a la vez (está compuesto por científicos ecólogos). Es precisamente este último, el Instituto Itaca, que dice que para considerar un carbón vegetal como Biochar se deben cumplir una serie de condiciones de sostenibilidad en todo el proceso. Partiendo de la materia prima que debe ser obtenida localmente y de forma sostenible. Es decir, hay que producir la madera local pero además de especies autóctonas. Ni que la deforestación de nuestros bosques para plantar especies foráneas de crecimiento rápido. Y, por supuesto, tiene que seguir unos criterios de calidad del producto, propiedades fisicoquímicas que comprobaremos analíticamente. También se habla de la eficiencia del proceso en cuanto a la energía que se consume para producir el Biochar.

El Biochar no es un fertilizante, al menos no inicialmente. Lo que determinará si es o no es un fertilizante será la materia prima a partir de la cual se produce. Se puede producir de los restos de la gestión forestal, de residuos de industrias tales como la industria del brezo (utilizado en jardinería), de la poda de diferentes cultivos … Es en estos casos que no tiene muchos nutrientes. Pero también se puede producir a partir de los lodos de depuradora, camas de granja o de basura. En estos casos, su riqueza en nutrientes es muy elevada y sí que lo podríamos considerar como fertilizante.

El Biochar es, en sí mismo, un regenerador, un estructurador, un acondicionador de suelos. Es un excelente transportador de fertilidad y de vida. Hay que imaginarse el Biochar como una esponja, que se puede llenar de agua y de nutrientes porque tiene una gran capacidad de retención. Esto es lo que hace que sea tan interesante a nivel agronómico. Esto, y el hecho de que sea el hábitat ideal para los microorganismos del suelo. Como esponja que es tiene muchos poros que los microorganismos (bacterias y hongos) colonizan, aprovechan para habitarlo. Unos microorganismos básicos en la fertilidad de los suelos. Hay poros que se llenan de agua y, en cambio, otros se llenan de oxígeno. Y son precisamente los microorganismos que viven en condiciones aeróbicas los más beneficiosos para nuestros cultivos.

Por lo tanto, la alta capacidad de retención de agua, de alta capacidad de retener nutrientes y de promotores de vida microbiana. La capacidad de retener agua la podemos traducir en una reducción del riego, de consumo de agua, y de nutrientes, podemos reducir la fertilización de nuestros cultivos, manteniendo o incluso aumentando la productividad. Aunque esto todavía está en fase de estudio, ya que son procesos muy lentos y, además, intervienen otros factores (como el clima, el cultivo, etc.) Pero lo que es indudable es que estamos mejorando las propiedades del suelo, su estructura y la capacidad de retención, tanto de agua como de nutrientes.

Desde la cooperativa Carbón Vivo está produciendo Biochar de forma artesanal, aunque se está buscando inversión para poder realizar el proceso de forma más industrial. De momento, sin embargo, utilizan unos hornos desarrollados por el Instituto Itaca. Un diseño de bajo coste que se hizo pensando en la democratización del Biochar y para poder implementar en países en vías de desarrollo. También comercializan el Biochar y hacen formaciones sobre este biocarbón y su aplicación, participando en proyectos ambientales de valorización de residuos, a través de su transformación en Biochar.

Y además, es muy fácil de hacer, el Biochar. Todo el mundo está capacitado para producirlo. Hay una manera muy sencilla de hacerlo de manera artesanal. Aunque también es una industria para desarrollar en nuestro país. En el caso de Mas Martinet, este será el primer año que me comenzado a utilizarlo, de momento, en la finca de Clos Martinet. Procedente de la carbonización de la poda de la vid, la aplicamos a la finca justo antes de empezar la poda en verde. Todo lo que se pueda hacer para disminuir los efectos del cambio climático por nuestra parte, siempre será poco, aunque recordamos el Capitán Lechuga: los pequeños cambios son poderosos.

 

Muchas gracias Javier por atendernos y explicarnos con tanto detalle vuestro trabajo.

 

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FRANCESC MAURI Y SARA PÉREZ

CONVERSACIÓN ENTRE FRANCESC MAURI Y SARA PÉREZ

Aprovechamos el Día de la Tierra para hablar con Francesc Mauri. El hombre del tiempo de TV3 que nos ha acompañado tantos mediodías y nochesmientras comíamos o cenábamosEl que esperábamos con impaciència cuando se acerca el fin de semanapero también el de Catalunya Ràdio, el de MeteoMauri sus apuntes para hacer que cada uno de nosotros con pequeñas accionehacer nuestro mundo másostenible.  Nos desplazamos a los estudios de TV3 para tener una conversación entre él y Sara Pérez 

¡Gracias por atendernos y por ser tan accesible!  

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