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ENTENDER Y SENTIR NUESTRA TIERRA. MÉTODO HERODY.

ENTENDER Y SENTIR NUESTRA TIERRA. MÉTODO HERODY.

Hablar de suelos vivos implica hablar de Herody y su método de reconocimiento de suelos. Ya hace tiempo que aquí en Mas Martinet, participamos en una formación impartida por Jean Pierre Scherer, experto en edafología y agricultura biológica, en la que se explicó este método que nos acerca a nuestros suelos con técnicas muy sencillas y de fácil comprensión.

Un método que implica ir a la viña… elegir un punto a reconocer y hacer un agujero. Un agujero de unos 45/50 cm de profundidad. Lo ideal sería llegar a encontrar la roca madre, pero esto no siempre se consigue fácilmente. Tendremos que hacer tantos agujeros como perfiles de suelos tengamos. Tomaremos muestras de tierra de dos horizontes, de la parte más superficial y de la parte más profunda, para detectar diferencias de color, estructura, humedad… También conoceremos la composición, el nivel de PH del suelo y, con él, la capacidad de asimilación de minerales. Y, en definitiva, obtendremos una fotografía del estado de fertilidad en que se encuentra nuestro suelo.

Poder hacer un churro o un croissant con la tierra algo húmeda nos puede decir el nivel de arcilla de nuestro suelo. Añadir unas gotas de agua oxigenada en la tierra y escuchar su reacción nos permitirá saber el nivel de actividad de la materia orgánica y su facilidad de degradación. Conocer el PH, el nivel de acidificación, nos explicará la capacidad de asimilación de minerales.

Pero como análisis cualitativo aquí «no hay nada ni bueno ni malo. Cada suelo tiene su genética. Y cada suelo tiene su potencial» nos dice Sara Pérez mientras observa la muestra de tierra y va sacando las partículas más grandes.

De entrada, el Priorat cuenta con un clima que mineraliza, que genera mucha materia orgánica móvil (que quiere decir que se degrada con mucha facilidad). Y nuestros suelos no son calcáreos, tienen muy pocas arcillas, es decir poca capacidad de captación de materia orgánica. Y esta poca que hay se moviliza fácilmente y, por tanto, con las lluvias lixivia (se disuelve) y se pierde. «¿Y qué hacemos? Pues… todo aquello que culturalmente sabemos que favorece al humus estable, la humificación en el suelo« nos sigue explicando. Como sería la utilización de la paja como cubierta, para no favorecer la mineralización. Pero sin pasarnos, porque durante mucho tiempo, sabiendo de donde partíamos hemos estado utilizando compuestos muy maduros, cubiertas vegetales, sin labrar… quizás hemos ido al otro extremo.

«Lo ideal sería, que consiguiéramos en la parte de arriba (en el horizonte más superficial) el humus, que es la parte orgánica estable, y donde viven gran parte de microorganismos que transforman» nos explica Pere Vall.

Y volvemos a tapar el agujero y bajamos las muestras en el laboratorio de la bodega. Para dejar que la tierra se seque completamente y así aprovecharla para hacer cromatografías. Y seguir analizando y guardando estos análisis en nuestro archivo. Para poder comparar con los años que vengan y conseguir indicadores fiables que nos expliquen de dónde venimos y hacia dónde vamos. Si el suelo está envejeciendo y perdiendo su fertilidad o si estamos consiguiendo revertir este envejecimiento y mejorando sus condiciones con nuestras actuaciones.

Entender y sentir nuestra tierra.

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AGRI_CULTURA BIO_LÓGICA

AGRI_CULTURA BIO_LÓGICA

Hace 15 años empezamos con Josep Lluís, después vinieron Sara y Pere.
Con unos ojos y una mente abiertos, capaces de escuchar y hacer mucho más allá. Capaces de atender a todo lo que sucede en su entorno y de hacer mucho más allá. De enseñar y aprender. De compartir.

Suelo y sol. Materia orgánica y minerales. Vida y microbiología.

¿En el Priorat? Sí, sí, en el Priorat
Y sin labrar, ¿dices? Sí,sí.
Pero si hace mucho calor!!
Agri_cultura bio_lógica

Las hierbas hablan, te explican qué ocurre allí abajo
¿Y los microorganismos también? ¿Muchos? ¿En el Priorat?

Los ojos y la mente siguen abiertos
y hablamos de ciclos, de energía, de esa energía que transmite la Luna, de esa energía que transmite la vida y que mueve el mundo. Bio_dinámica

¿Y cómo lo sé? Porque lo siento porque lo transmito, en el viñedo y en el vino

Una transición, una más, un camino que sigue y que no para, un camino sin fin.
Siempre puedes dar un paseo más, lo importante es una buena base, unos buenos pilares

Esta es mi experiencia con Mas Martinet, una experiencia que cada vez tiene mayor dimensión
Sencilla pero no simple
Intensa pero fluida

Un ejemplo de que hay formas de trabajar con el suelo y con el territorio que van más allá de lo que siempre nos han dicho, una agricultura regenerativa, de mejora de la fertilidad del suelo, esa fertilidad que hemos perdido y que es necesario recuperar para poder realizar una cultura-lógica-dinámica que pueda verse reflejada en el entorno y el producto final.

Y cerrar de nuevo el ciclo

La interrelación entre la vida, el viñedo y las personas ha cogido aquí un cariz especial, una dimensión continua en lugar y tiempo.

Josep Ramon Saiz – Suelo Vivo

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¿VENIMOS O VAMOS AL DESIERTO?

¿VAMOS O VENIMOS DEL DESIERTO?

Las plantas han sido durante mucho tiempo uno de los principales enemigos de nuestros cultivos, sobre todo, en la agricultura intensiva, que ha utilizado toda la tecnología y técnicas que tenía al alcance para luchar en contra. Pero ya los mesopotámicos las utilizaban para valorar las tierras como indicadoras de fertilidad.

Cuando hablamos de cultivos, hablamos de una modificación de la naturaleza a nuestro gusto. Pero para mandar sobre la naturaleza primero hay que obedecerla. Debemos entender que la naturaleza se rige por unas leyes. Si entendemos cómo funciona la naturaleza, comprenderemos mejor nuestros cultivos y el suelo sobre el que se encuentran.

El suelo es una creación natural que resulta de la acción del clima y de los microorganismos sobre el material original o roca madre, situado en la superficie de la tierra durante cientos de años. La agricultura ecológica contempla el suelo como un ente vivo, base de la fertilidad y por lo tanto, de nuestra producción. Es un ecosistema formado por millones de organismos y dependiendo de nuestras actuaciones podemos mejorarlo o empeorarlo.

Hoy día se sabe que las plantas por sus raíces exudan una enorme cantidad de azúcares para alimentar, precisamente, la microbiología, la que, a su vez, aportará minerales a la planta. Y la planta selecciona qué microbiología necesita en función del mineral que necesita en cada momento. Es una relación de muchos millones de años que apenas estamos intentando entender. En todo caso, este mundo oculto que hay bajo nuestros pies, a estas alturas es desconocido, se conoce sólo una pequeñísima fracción de la microbiología del suelo (2/3%)

El suelo es muy importante pero el manejo que hacemos del suelo hará que vayamos hacia una mejor fertilidad o una peor fertilidad. Debemos entender qué es, cómo funciona, quien vive allí, como está organizado… porque está claro que la salud de nuestro suelo también será la salud de nuestras plantas. Y las plantas bioindicadoras serán una herramienta de diagnóstico de esta salud.

Un suelo fértil y vivo funciona de entrada con una infiltración del agua que alimenta las capas freáticas que, a su vez, harán de depósito de almacenamiento de agua volviendola a poner a disposición de las plantas cuando venga la época seca. Hay unas aportaciones de minerales, tanto a través de los restos orgánicos, como a través de la descomposición de las rocas originarias. Hay una microbiología (bacterias y hongos) aeróbica y una anaeróbica. Estos minerales son capaces de ser almacenados en un complejo arcillo-húmico o complejo de cambio (partículas finas de arcilla y humus) – la gran reserva de nutrientes en el suelo –

Desafortunadamente, a pesar de los muchos años que se necesitan para formar el suelo, se puede destruir en muy poco tiempo. Es la realidad de los suelos de Europa y de los suelos del mundo moderno, que han visto reducida la cantidad de materia orgánica que contenían a la mitad. Recordemos que el contenido en materia orgánica es lo que nos dice si el suelo es o no es fértil. Y, desgraciadamente, es un recurso no renovable, al menos a escala humana.

La inmensa mayoría de las tierras agrícolas tienen problemas de lixiviación (se ha perdido la estructura), tienen problemas de escorrentía porque hay encostramientos superficiales, se encuentran desprotegidas y el agua en lugar de infiltrarse, corre por la superficie (cuanto más pendiente hay, más corre); tienen problemas de erosión, problemas en humidificar la materia orgánica (que se fosiliza -no está disponible para los microorganismos – bien porque le ha faltado nitrógeno a la hora de humidificar o bien porque las condiciones climáticas que se han dado en el momento de humidificar no se lo han permitido) y barreras físicas provocadas por la misma maquinaria que usamos para trabajar que bloquean la liberación de minerales. La porosidad que necesitamos y queremos que tenga nuestro suelo se pierde.

Toda esta degradación del suelo viene provocada inicialmente cuando destruimos el bosque (la vegetación espontánea de una zona) para trabajarlo en forma de cultivo. Disminuye de forma drástica la biodiversidad (tanto la aérea como la edáfica) y comienza la pérdida de fertilidad, la compactación, la erosión y la falta de capacidad del suelo de realizar sus funciones básicas, entre otros almacenar y purificar el agua. La desertificación puede ser un viaje de no retorno en muchos casos que tenemos que procurar evitar (ejemplos de esta desertificación es el norte de África, que le consideraba el granero de Roma y los Monegros, una zona originalmente de bosques de encinas)

Este empobrecimiento de minerales repercute también en nuestra alimentación y, como consecuencia, a nuestra salud con carencias de micronutrientes que se muestran en un % elevado de la población mundial total.

La otra cara de la moneda, por lo tanto, es tratar las hierbas como aliadas. Las hierbas tienen muchas utilidades y funciones en nuestros ecosistemas agrarios. Una de estas funciones es prevenir la erosión. Cuando la tierra está cubierta y gracias a sus raíces, facilita la infiltración de agua y previene la escorrentía. Facilita el ciclo de nutrientes que se absorben mediante sus raíces y se emiten a través de sus hojas, de otro modo tendríamos que aportar de manera forzada con nuestro trabajo. Las hierbas también aportan materia orgánica que se irá descomponiendo y produciendo carbono y, por tanto, aumentando la capacidad de retención de agua, también. Y eso, en su parte aérea nos aporta biodiversidad que repercute, a su vez, en la biodiversidad del suelo.

Los beneficios son muchísimos, desde los aspectos biológicos y la formación de humus (la biodiversidad) como a nivel ambiental, de erosión, de reciclaje del agua, de depósito de agua, de regulación térmica… entre otros. Lo que cabe ver es cómo la gestionamos para que no interfiera en nuestro trabajo. Pero lo que está claro es que tal vez no se trata de malas hierbas, como se creía hasta hace poco.

Las hierbas nos sirven como herramienta para diagnosticar una situación determinada en nuestro cultivo. La mayoría de los diagnósticos que hacemos a partir de observar las plantas bioindicadoras de una parcela determinada, hoy en día, nos da un resultado de desertificación. Vamos hacia el desierto o venimos del desierto y vamos hacia algún lugar mejor. En función del diagnóstico y las prácticas que hacemos deberemos entender cuál es nuestra situación, en qué contexto se encuentra (en qué dirección va).

El método del diagnóstico basado en las plantas bioindicadoras ha sido desarrollado por Gérard Ducerf (botánico y campesino) que se preguntó porque crece aquí una hierba y no crece allí. Y ha dedicado toda su vida a esta investigación hasta publicar, entre otros, la Enciclopedia de Las Plantas Bioindicadores Medicinales y Alimentarias (en 3 volúmenes)

Las semillas no germinan porque si, sino que deben darse las condiciones idóneas para su desarrollo. El banco de semillas del suelo es un recurso que tiene la naturaleza porque precisamente cuando hay un desastre pueda revegetarse rápidamente. 1 m3 de suelo puede contener de 4000 a 20000 de semillas diferentes que se pueden conservar entre 10 y 30 años como mínimo. ¿Qué es lo que rompe esta latencia? Intervienen diferentes factores como la luz, la estructura del suelo, la geología del suelo, la vida aeróbica y anaeróbica, las prácticas agrarias que haya sufrido aquella tierra y la compatibilidad. Cada especie tiene su código específico de condiciones de rotura de la latencia. Y por esta razón, identificar la especie nos ayudará a interpretar qué pasa en nuestro suelo en ese momento determinado. El método de diagnóstico del suelo tiene en cuenta las diferentes especies que reconocemos, la densidad en la que se encuentran y el coeficiente de recubrimiento, entre otros.

Es por tanto una de las maneras para reconocer el estado de salud de nuestros cultivos y del suelo en el que se encuentran.

Gracias Neus Vinyals, de la Asociación La Era, por habernos permitido asistir al curso práctico de Diagnosis del Suelo a partir de las Plantas Bioindicadoras organizado por la DO Montsant el pasado día 28 de abril.

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UNA PEQUEÑA CONTRIBUCIÓN CONTRA EL CAMBIO CLIMÁTICO. BIOCHAR

UNA PEQUEÑA CONTRIBUCIÓN CONTRA EL CAMBIO CLIMÁTICO. BIOCHAR.

Carbón Vivo es una cooperativa de trabajo sin ánimo de lucro que tiene como objetivo valorizar los residuos y, en concreto, la democratización del Biochar (biocarbón). Javier Fernández, miembro de la cooperativa nos explica de manera muy comprensible qué es y para qué sirve este carbón vegetal tan especial.

Biochar es una palabra bastante nueva que sirve para diferenciar el carbón vegetal tradicional de este biocarbón. Un tipo de carbón con muchas aplicaciones, entre ellas la agronómica. A diferencia del carbón vegetal que conocemos, el biocarbón nunca se debe quemar. Y ésto es lo que le hace tan importante medioambientalmente, porque el Biochar está considerado por el IPCC (Intergovernmental Panel on Climate Change), el comité científico de la ONU que estudia el cambio climático, como una de las 6 herramientas de emisiones negativas válidas para combatir los efectos del cambio climático.

El Biochar da una estabilidad muy interesante y duradera al carbono que contiene. Es decir, garantiza que el carbono no se volverá a emitir como CO2 entre 700 y 3000 años. No se degradará por la acción de los microorganismos, que son los que lo oxidan y lo vuelven a emitir. Eso es lo que ocurre con la materia orgánica normal, si la dejamos al sol o hacemos un proceso de compostaje se degrada por la acción microbiana y se vuelve a emitir como CO2. La naturaleza es carbono neutro. Todo lo que absorbe, a la larga, vuelve a emitirse, por lo tanto, resulta totalmente equilibrada. Eso sí, durante esta transición, hay muchos beneficios para los ecosistemas. Pero precisamente en nuestro planeta tenemos un problema de exceso de CO2 y por esta razón, las herramientas de este tipo (Carbono Negativas) son muy interesantes. La madera de las plantas que cuenta con el carbono (captado por las hojas durante la fotosíntesis) se carboniza y entonces le da esta estabilidad y durabilidad.

Otra característica del Biochar que también es interesante, es el hecho de almacenarlo en el suelo. Hay dos principales sumideros naturales de carbono. Uno de ellos: los océanos. A estas alturas están saturados, pero no pueden parar de captar CO2, que se va disolviendo en el agua y, como consecuencia, nos provoca una acidificación de las aguas. Este es un hecho muy peligroso que está comportando la desaparición de especies que no pueden vivir en este PH tan ácido. El otro sumidero natural es el suelo. El suelo tiene una capacidad enorme de almacenar carbono y, por esta razón, el hecho de aplicar Biochar en nuestros cultivos, hace que quede almacenado de manera segura. Además, este almacenamiento nos conlleva muchos beneficios para todo el ecosistema del suelo. Normalmente solemos hablar de deficiencia de materia orgánica en nuestros suelos. Pero el 50% de esta materia orgánica es carbono orgánico que es lo que, en gran medida, es el Biochar: carbono orgánico estable que quedará en nuestras tierras entre 700 y 3000 años.

Pero como todo, no todo lo que se vende como Biochar tiene las mismas propiedades ambientales y agronómicas. Hay dos organismos internacionales que se dedican al estudio y la investigación de este biocarbón: IBI (International Biochar Iniciative) y el Instituto Itaca. Dos organismos científicos, aunque el segundo tiene una mirada científica y ecológica a la vez (está compuesto por científicos ecólogos). Es precisamente este último, el Instituto Itaca, quien dice que para considerar un carbón vegetal como Biochar se deben cumplir una serie de condiciones de sostenibilidad en todo el proceso. Partiendo de la materia prima que debe ser obtenida localmente y de forma sostenible. Es decir, hay que producir la madera local pero además de especies autóctonas. Ni que la deforestación de nuestros bosques para plantar especies foráneas de crecimiento rápido. Y, por supuesto, tiene que seguir unos criterios de calidad del producto, propiedades fisicoquímicas que comprobaremos analíticamente. También se habla de la eficiencia del proceso en cuanto a la energía que se consume para producir el Biochar.

El Biochar no es un fertilizante, al menos no inicialmente. Lo que determinará si es o no es un fertilizante será la materia prima a partir de la cual se produce. Se puede producir de los restos de la gestión forestal, de residuos de industrias tales como la industria del brezo (utilizado en jardinería), de la poda de diferentes cultivos… Es en estos casos cuando no tiene muchos nutrientes. Pero también se puede producir a partir de los lodos de depuradora, camas de granja o de basura. En estos casos, su riqueza en nutrientes es muy elevada y sí que lo podríamos considerar como fertilizante.

El Biochar es, en sí mismo, un regenerador, un estructurador, un acondicionador de suelos. Es un excelente transportador de fertilidad y de vida. Hay que imaginarse el Biochar como una esponja, que se puede llenar de agua y de nutrientes porque tiene una gran capacidad de retención. Ésto es lo que hace que sea tan interesante a nivel agronómico. Esto, y el hecho de que sea el hábitat ideal para los microorganismos del suelo. Como esponja que es tiene muchos poros que los microorganismos (bacterias y hongos) colonizan, aprovechan para habitarlo. Unos microorganismos básicos en la fertilidad de los suelos. Hay poros que se llenan de agua y, en cambio, otros se llenan de oxígeno. Y son precisamente los microorganismos que viven en condiciones aeróbicas los más beneficiosos para nuestros cultivos.

Por lo tanto, la alta capacidad de retención de agua, de alta capacidad de retención de nutrientes y de promotores de vida microbiana. La capacidad de retener agua la podemos traducir en una reducción del riego, de consumo de agua, y de nutrientes, podemos reducir la fertilización de nuestros cultivos, manteniendo o incluso aumentando la productividad. Aunque esto todavía está en fase de estudio, ya que son procesos muy lentos y, además, intervienen otros factores (como el clima, el cultivo, etc.) Pero lo que es indudable es que estamos mejorando las propiedades del suelo, su estructura y la capacidad de retención, tanto de agua como de nutrientes.

Desde la cooperativa Carbón Vivo está produciendo Biochar de forma artesanal, aunque se está buscando inversión para poder realizar el proceso de forma más industrial. De momento, sin embargo, utilizan unos hornos desarrollados por el Instituto Itaca. Un diseño de bajo coste que se hizo pensando en la democratización del Biochar y poder implementarlo en países en vías de desarrollo. También comercializan el Biochar y hacen formaciones sobre este biocarbón y su aplicación, participando en proyectos ambientales de valorización de residuos, a través de su transformación en Biochar.

Y además, es muy fácil de hacer, el Biochar. Todo el mundo está capacitado para producirlo. Hay una manera muy sencilla de hacerlo de manera artesanal. Aunque también es una industria para desarrollar en nuestro país. En el caso de Mas Martinet, este será el primer año que han comenzado a utilizarlo, de momento, en la finca de Clos Martinet. Procedente de la carbonización de la poda de la vid, la aplicamos a la finca justo antes de empezar la poda en verde. Todo lo que se pueda hacer para disminuir los efectos del cambio climático por nuestra parte, siempre será poco, aunque recordamos el «Capità Enciam» que decía: los pequeños cambios son poderosos.

 

Muchas gracias Javier por atendernos y explicarnos con tanto detalle vuestro trabajo.

 

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FRANCESC MAURI Y SARA PÉREZ

CONVERSACIÓN ENTRE FRANCESC MAURI Y SARA PÉREZ

Aprovechamos el Día de la Tierra para hablar con Francesc Mauri. El hombre del tiempo de TV3 que nos ha acompañado tantos mediodías y nochesmientras comíamos o cenábamosEl que esperábamos con impaciencia cuando se acerca el fin de semanapero también el de Catalunya Ràdio, el de MeteoMauri sus apuntes para hacer que cada uno de nosotros con pequeñas accionehacer nuestro mundo másostenible.  Nos desplazamos a los estudios de TV3 para tener una conversación entre él y Sara Pérez 

¡Gracias por atendernos y por ser tan accesible!  

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SISTEMAS AGRARIOS, OTRA MIRADA

SISTEMAS AGRARIOS, OTRA MIRADA

Hablamos de sistemas agrarios y de entrada, hablamos de sistemas modificados en los que simplificamos la naturaleza para conseguir nuestro objetivo: un cultivo determinado. En un ecosistema maduro, equilibrado, nos encontramos con distintos tipos de especies (árboles, arbustos, plantas) que se complementan entre sí y se enriquecen entre sí. Colaboran para garantizar el equilibrio: las hojas caen, se descomponen y se transforman en materia orgánica. Todos y cada uno de los elementos que integran este ecosistema tienen una función necesaria para su buen desarrollo. Cuando buscamos producir un cultivo específico como en nuestro caso, las viñas, despojamos un ecosistema de gran parte de sus integrantes para focalizarnos en la planta que nos interesa, la viña. Es, por tanto, un sistema desequilibrado que es necesario gestionar de la mejor manera posible con tal de conseguir nuestro bien más preciado: una buena vendimia.

Este desequilibrio hay muchas maneras de reconducirlo. Una manera sería utilizar los tratamientos sistémicos como fertilizantes, herbicidas, fungicidas, insecticidas… Otra manera sería la posibilidad de tratar orgánicamente los cultivos, aunque parte de la misma filosofía. Tratar el desequilibrio mediante un producto, ahora orgánico, que lo corrige.

Pero hay una tercera opción. Optar por corregir el desequilibrio intentando generar salud. Es cuando hablamos de regenerar los suelos, de cubiertas vegetales, de biodiversidad, etc. Lo que se busca es dotar las plantas de todas esas herramientas que le son necesarias para nutrirse de forma sana y saludable. De manera que la fruta que obtengamos, también lo sea y, los productos que después elaboramos lo sean también.

Como decía Eugenio Gras (pionero de la permacultura en México): No hacemos milagros. Entendemos lo que pasa.  Observamos nuestro cultivo, interpretamos su comportamiento y decidimos qué podemos hacer para reconducirlo. La idea siempre es la misma: trabajar con preventivos y sobre todo actuar sobre el suelo, que será el responsable de ofrecer a la planta los nutrientes, agua y minerales de buena calidad. Como, por ejemplo, el hecho de utilizar la cola de caballo para hacer que los hongos no suban a la planta sino que se queden en el suelo.

«Cómo fortalecemos nuestro sistema para que haya los menos síntomas posibles y enfermedades… igual que en el cuerpo humano» dice Sara Pérez. Tener una planta sana no tiene que ver con los medicamentos que toma sino como se alimenta, con quien está y se junta, cómo crece (tiene que ver con el suelo y con el entorno).

Restituir el equilibrio biológico es básico y nos permite hablar en lugar de plagas y enfermedades, de indicadores de mala gestión del cultivo y/o planta. Un mayor o menor ataque de los patógenos (insectos, hongos, enfermedades…) depende siempre del estado nutricional de las plantas (Francis Chaboussou – Teoría de la Trofobiosis)

Esta mirada genera una serie de acciones para ir manteniendo un nivel adecuado de salud emocional, físico, psíquico y nutricional de la planta. Claro que hay cosas que nosotros no podemos controlar, pero sí que podemos fortalecer nuestras plantas para que puedan luchar contra ciertos agentes externos que pueden atacarlas.

En conclusión, las plantas como en los seres humanos, como mejor alimentación, formación, educación, diversidad cultural y relaciones, más posibilidades de tener una vida más rica y saludable.


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LA ESCUELA DE ENOLOGÍA DE FALSET

LA ESCUELA DE ENOLOGIA DE FALSET

En el 1982, cuando obtuvimos el permiso para dar los cursos de grado superior de Viticultura y Enología, nos entregamos de lleno. Y durante el curso siguiente ya tuvimos más alumnos inscritos. Además de los chicos y chicas de la comarca y comarcas vecinas, vinieron muchos chicos hijos de cavistas del Penedés.

En primer lugar, para nosotros aprender la especialidad lo más rápidamente posible, nos desplazó un par de veranos a Burdeos, para conversar con profesores de la Universidad de Enología y visitar las Estaciones Enológicas, hablar y preguntar a los técnicos de la región a fin de captar la dimensión de esta especialidad y los parámetros que la definían. Sobre todo, la importancia de la calidad de los vinos y cómo ésta define los precios. Todo esto respecto al elaborador del vino, ya que es lo que a nosotros nos interesaba. Debíamos tener claro como teníamos que trabajar para ser unos enólogos excelentes y a partir de esta premisa, poder transmitirlo a los estudiantes.

Nos teníamos que ceñir a las materias que decía el programa, eso era evidente, pero yo quería algo más, basándome en el principio de Confucio “aprendo cuando lo hago”.  Este principio ya lo apliqué en Viaró, pero allí teníamos el presupuesto suficiente para hacer posible que los alumnos dispusiesen del material, las herramientas y los aparatos para poder “aprender haciendo las cosas”. Pero en el colegio de Falset, teníamos que espabilarnos, alumnos y profesores, ya que el presupuesto de nuestro departamento no contaba con los elementos básicos, para poder “hacer”, lo que era indispensable para aprender.

Una vez tuve claro que no podíamos confiar solo con el presupuesto del colegio, me decidí a buscar los medios económicos a partir de las prácticas que haríamos durante el curso.

Una de las cosas que hicimos fueron los Trabajos de Investigación. La Consejería de Educación convocaba cada año un concurso de investigación escolar, los premios CIRIT, con recompensas en metálico. ¡Eso fue extraordinario, porque matábamos dos pájaros de un tiro! Cuando daba clases y salía un tema del que podíamos sacar una experiencia, la planteábamos y se otorgaba a un grupo de dos o tres estudiantes que tuviesen cierto interés. De esta forma, cada curso hacía distintas experiencias y toda la clase las entendía, porque visualizaban los resultados. Cada año presentábamos tres o cuatro experiencias y las que teníamos la suerte que salían premiadas, eran dinero que nos servía para engrandecer la caja del departamento. Lo hicimos durante 5 años y en total presentamos 15 trabajos de investigación, de los cuales 7 fueron premiados. Estos premios se entregaban en el Palacio de la Generalitat e íbamos alumnos y profesores a recogerlos. Fue muy importante porque los chicos estaban muy motivados y como consecuencia el aprendizaje era mucho más efectivo.

Otra cosa que hicimos fue ir a podar a jornal. Vino el tiempo de poda y pensé aprovechar la ocasión para que los alumnos aprendiesen a podar, podando. Contacté con el propietario de un viñedo y le propuse podarle la finca con los alumnos, a un precio razonable y yo me comprometía a estar siempre presente, enseñándoles y haciendo el seguimiento. Le pareció bien y lo hicimos un par de años.

La tercera actividad trataba de elaborar un vino, embotellarlo y venderlo. Eso representaba comprar la uva, entre los alumnos y profesores, y lo propusimos a los padres que lo encontraron muy positivo. Así, además de hacer la práctica de la elaboración, también practicarían el concepto comercial. Aprovechando que teníamos uva hicimos distintas experiencias de maceración carbónica, vino de aguja y otros.

Los estudiantes estaban realmente motivados y en las clases había muy buen ambiente, y eso hacía que aprendiesen muy bien. Aprovechando esa buena atmósfera, pensamos que sería interesante que visitasen las zonas vitivinícolas más importantes de Europa. I así lo hicimos, al final de curso i después de los exámenes, alquilábamos un autocar con chófer y ¡para Europa!

Nos las arreglamos para que los viajes no nos costasen demasiado dinero, nos instalábamos en cámpings que para los chicos era mucho más motivador e informal, venía Rafel, un cocinero de Falset, que nos hacía las comidas. Cogíamos los utensilios de cocina de la residencia de la escuela y nos llevábamos los alimentos para una semana.

Montse y yo preparábamos, meses antes, las visitas que haríamos a diferentes productores y bodegas o institutos vitivinícolas.  Eso lo hicimos 4 años, del 1984 al 1988. Y de esta forma visitamos las zonas de Burdeos, Borgoña, Champagne, la Escuela de Changins de Suiza, la Universidad Vitícola de Geisenheim en Alemania, Alsacia, Piamonte italiano, etc.

Fueron unos viajes muy provechosos porque cada día hacíamos 3 o 4 visitas y los chicos llevaban un cuestionario preparado. Por la mañana el cocinero nos hacía el desayuno y nos daba un bocadillo para el mediodía. En terminar el día, volvíamos al cámping y el cocinero nos hacía la cena, luego, todos en círculo comentábamos las visitas hechas y las dudas que quedaban pendientes por preguntar al día siguiente.  Dos alumnos se encargaban de hacer un resumen de todas las visitas del viaje para repartirlo a todos.

Fueron unos años muy intensos porque pude aplicar la didáctica que aprendí con el profesor Piaget, durante mis estudios en Suiza. Pero cuando la escuela pasó a depender de la Consejería de Educación se terminó todo. Ya no podíamos comprar uva de forma colectiva, para hacer el vino y venderlo, ya no podíamos hacer muchas experiencias porque no había suficiente presupuesto… pero, en fin, siempre recordaré aquellos años como una etapa en la que pudimos estimular a toda esa juventud para que se formase para trabajar para la sociedad. La mayoría de ellos están ahora haciendo vino por todas partes de las comarcas de Cataluña y muchos son los que forman el grosor de productores del Priorat actual.

Josep Lluis Pérez Ovejero y Montse Ovejero
Mas Martinet

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