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CONVERSANDO CON MARIA CARME SIMÓ

CONVERSANDO CON MARIA CARME SIMÓ.

Hoy, 8 de marzo, nuestro sencillo homenaje a la mujer trabajadora. Escogemos una conversación entre dos mujeres. Sara Pérez, nuestra Sara, y una mujer increíble, Maria Carme Simó, de Bellmunt del Priorat. Payesa, ante todo, pero también ha sido Presidenta del CIT (Centro de Iniciativas Turísticas), Alcaldesa de Bellmunt y Presidenta de la Cooperativa de Gratallops. Luchadora. Todo carácter i toda humildad.

El escenario: su casa. Su comedor. De fondo: la viña, el campo. Reconoce que le gusta, aunque se cansa mucho, pero sigue haciendo la poda, la poda en verde la primera sulfatada (primera y única, “bien mojada la cepa, de abajo hacia arriba”) y a vendimiar.

76 años y se ve de lejos su Fortaleza y, a la vez, su sencillez. Desprende ternura y mucha ilusión. Y cuando repasamos su trayectoria parece extrañada, como si se lo hubiera encontrado sin escoger. Pero sí que escogió porque podíamos haber marchado, pero nos quedamos”. Sí, fue de los que se quedaron a trabajar la tierra, como sus abuelos y bisabuelos. Sin referente femenino a quien parecerse, perdió su madre con 8 años, ella fue haciendo y acabo trabajando en el campo, como “su padre, los tíos, las tías, todos… toda la familia”. Y cuando Sara le pregunta si era la única mujer, responde que sí, claro. Todo hombres, pero se encontró cómoda y se quedó allí, con ellos, en la parte alta de las estructures de poder que existían.

La Maria Carme payesa, tiene viña, olivos, avellanos y un par de almendros. El trabajo que prefiere es la poda y no sabe por qué. “Me gusta podar y ¡mira que son cepas viejas y feas! (…) Hay algunas que son muy feas. Hay otras que no, que son bonitas, así, grandes” Y le pregunta a Sara: Tú que eres técnica (…) Por qué? Si los plantaron todos uno detrás de otro…” Nos explica que los plantó su abuelo y que los plantaba cuando tenía céntimos, porque no iban al banco a buscar dinero. Pero su padre ya no plantó ninguno. O sea que sus cepas deben tener más de 100 años, aunque todavía no las ha analizado para saberlo ciertamente, por lógica… Tiene una viña, toda Garnacha y un terreno muy fértil donde crece mucha hierba en primavera: “Y cada temporadita sale una hierba distinta. Ahora de color azul, ahora unas florecitas amarillas, unas blancas, unos gallitos, después otras que son amarillas y blancas (…) ¡Y no veo las cepas!”  

Sara le pregunta si hay relevo generacional y ella dice: “hay el vecino del lado, un chico joven que ha estudiado en Falset y en Tarragona” pero también nos habla del su sobrino que ha ido plantando viña y de otros no tan jóvenes como el chico de al lado, pero jóvenes, al fin y al cabo, que han comprado fincas y las trabajan. Y en Bellmunt, al menos, no han desaparecido tantas fincas.

Para hablar de Maria Carme luchadora nos remontamos al Priorat de antes, donde todos los payeses eran socios de la cooperativa y “las cooperativas iban mal, no vendían el vino (…) y el payes iba a su aire” dice Maria Carme. Un director general de Madrid “en tiempo de Franco” consideró que Priorat merecía ser considerado y se creó el CIT (Centro de Iniciativas Turísticas), parecido a lo que sería una oficina de turismo actual, que se dedicaba a dar a conocer Priorat en todas partes. Se la invitó a ferias por toda España y Maria Carme fue escogida presidenta poco después de su fundación.  Lo fue durante 25 años. Sara le pregunta qué promovían y ella, muy divertida, contesta “humo”. Y es que Priorat no tenía restaurantes ni alojamientos y, de hecho, si la zona era conocida, lo era como zona vinícola, no como destino turístico. Por lo tanto “Era algo un poco avanzado para la época, que igual en aquel momento no hacía mucho trabajo, pero …” comenta Sara.

Y llegó la democracia y se hicieron elecciones en los ayuntamientos. Maria Carme fue escogida alcaldesa de Bellmunt en las primeras elecciones, y de hecho cuando Sara le pregunta “¿cómo se te ocurrió?” y contesta como no podía ser de otra forma: “A mí no se me ocurrió ser alcaldesa” Porque le llegó un poco de rebote y hubiese podido decir que no, pero no lo hizo y se atrevió a ser alcaldesa en un momento en que solo había 7 en toda Cataluña.

Un poco más adelante, presidenta de la Cooperativa de Gratallops. También le propusieron, no se le ocurrió a ella. Y también aceptó, no se planteó decir que no. Lo hizo y fue presidenta. En un momento muy difícil para las cooperativas, recordemos lo de que “el payés iba a su aire”. De hecho, Maria Carme estaba en la junta de la Cooperativa de Bellmunt, pero decidió desmarcarse y se fue de la Cooperativa Comarcal, y ahí fue cuando ella decidió irse a la Cooperativa de Gratallops. Y la Cooperativa de Bellmunt no prosperó, de hecho, desapareció. ¿Una intuición? No lo sabe, pero algo debió ver.

Y esta trayectoria le supuso un reconocimiento por su trabajo y por el hecho de ser mujer y, como tal, la invitaron a muchos actos, ella habla de bolos a los que intentó no ir nunca porque “¿qué tengo que decir? ¿qué tienen que decir de mí?” Siempre ha encontrado excusas para no ir a ningún acto “mucho trabajo y muchos problemas” Sara habla de referente y ella reconoce que, a lo mejor sí, pero que “Yo no lo he buscado” Y aunque ella no recuerda todo lo que aportó a la cooperativa y su funcionamiento. Es consciente que cambió las cosas, hubo un antes y un después. Ella responsabiliza del cambio a Jaume Ciurana, el que entonces era Director General del Incavi. Una persona que amaba Priorat y el vino. Era enólogo y descendiente de la comarca, y apostó fuerte para cambiar las cosas: “si se tiene que vender vino se tienen que hacer las cosas bien hechas. Y se tienen que cuidar la uva desde que se planta la cepa hasta que se vende el vino” E iban por las cooperativas repitiendo el discurso y “la gente se los escuchaba y les parecía música celestial” Pensemos que, en ese momento, no había vino embotellado, solo Escaladei embotellaba. Eran finales de los 70 y principios de los años 80.  Y explica: “vinieron con tu padre, René Barbier y todos esos que, claro, pagaban la uva muy bien y se fue mucha gente de la cooperativa porque en la cooperativa no cobraban” Porque el vino se tenía que vender, pero como muy bien decía el padre de la Maria Carme: “se tiene que vender, pero se tiene que cobrar”  

Hizo muchas cosas como presidenta, primero dejarse asesorar por la Federación de Cooperativas, es decir aceptar que no lo sabía todo. Y después y puede que lo más importante de todo, poner un gerente “Porque tiene que haber un gerente. Que un payés no tiene por qué saber ni estar todo el día allí, porque tiene trabajo en el campo y no puede estar todo el día allí, en un despacho” Y poco a poco, la cooperativa se fue adelante y “ahora cobramos cada mes” Y lo dice como si fuera una gran cosa, porque de hecho lo es.

Maria Carme: “Si no hubiésemos estado nosotros, todos ellos, ni René Barbier, ni Álvaro Palacios, ni Carlos Pastrana, no hubiesen encontrado absolutamente nada, sino la cooperativa no hubiese existido. Los payeses ante la evidencia han tenido que hacer las cosas bien hechas. Han tenido que venir de fuera para que lo vieran claro porque a los de aquí no se los creían.”

Sara: “Ha pasado en muchas partes, pero también tiene que ver con el cansancio, de verlo desde dentro, cuando has luchado, cuando has trabajado y no sales adelante. Y no lo ves. Y te lo dicen. Y no lo ves. Y no lo haces. Y te lo dicen. Y no lo ves. Y no lo haces. Entonces alguien lo hace y dices: ah, pues a lo mejor sí. Pero…. ¿no? Se necesita aprender. Lo que tú dices… no sabemos…”

Maria Carme: “Entonces, algunos iluminados que nos lo debíamos creer o no sé lo qué”

Sara: “Lo visteis antes. Pero ya teníais como una intuición. Porque luchaste mucho antes de que nada fuera evidente”

Es curioso como no fueron conscientes de la lucha, de todo lo que defensaron y trabajaron por mantener… pero es verdad que desde la cooperativa se hizo un gran trabajo. Desde la cooperativa y también por parte de Assumpció Peyra en Escaladei, Magdalena de Masia Barril (que no embotelló hasta 1980 y que también iba por todas las ferias a defensar el vino del Priorat), August del Celler Cecilio. I muchos otros que creyeron en el Priorat cuando no era nada. Entre ellos “aquel director general… cómo se llamaba (…) si lo viese, alucinaría, pobre. Porque ese hombre también lo vio”.

Le preguntamos si hubiese hecho algo distinto: “No, me parece que no. A lo mejor no pieso tan lejos. Y ahora todavía menos. Ahora pienso al día. Porque cada día me trae alguna cosa distinta” dice muy convencida.

Sara le pregunta si bebe vino y nos dice: “poco, los domingos” con la familia, con sus hermanas. Le gusta y siempre tiene dos botellas en la cocina, pero solo bebe los domingos. Y, sobre todo, siempre regala vino, tal y como decía Jaume Ciurana y siempre recuerda.

I no puede ser de otra forma, Sara tiene que preguntar por el rancio: “Y los rancios. ¿Habéis hecho rancio alguna vez?” Una barrica de vino rancio que empezó su padre. Un vino rancio de vino blanco (“porque el de vino tinto se echa a perder”). “Y, ¿lo tomas?” le pregunta Sara. “Sí, me gusta. Con dulce. Cuando como dulce. Sí que me gusta” Y lo probamos y brindamos. Vino rancio con galletas. ¡Un lujo!

¡¡Gracias Maria Carme!! ¡Un placer conversar contigo y con todo lo que representas!

 

 

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LA ESCUELA DE ENOLOGÍA DE FALSET

LA ESCUELA DE ENOLOGIA DE FALSET

En el 1982, cuando obtuvimos el permiso para dar los cursos de grado superior de Viticultura y Enología, nos entregamos de lleno. Y durante el curso siguiente ya tuvimos más alumnos inscritos. Además de los chicos y chicas de la comarca y comarcas vecinas, vinieron muchos chicos hijos de cavistas del Penedés. En primer lugar, para nosotros aprender la especialidad lo más rápidamente posible, nos desplazó un par de veranos a Burdeos, para conversar con profesores de la Universidad de Enología y visitar las Estaciones Enológicas, hablar y preguntar a los técnicos de la región a fin de captar la dimensión de esta especialidad y los parámetros que la definían. Sobre todo, la importancia de la calidad de los vinos y cómo ésta define los precios. Todo esto respecto al elaborador del vino, ya que es lo que a nosotros nos interesaba. Debíamos tener claro como teníamos que trabajar para ser unos enólogos excelentes y a partir de esta premisa, poder transmitirlo a los estudiantes. Nos teníamos que ceñir a las materias que decía el programa, eso era evidente, pero yo quería algo más, basándome en el principio de Confucio “aprendo cuando lo hago”.  Este principio ya lo apliqué en Viaró, pero allí teníamos el presupuesto suficiente para hacer posible que los alumnos dispusiesen del material, las herramientas y los aparatos para poder “aprender haciendo las cosas”. Pero en el colegio de Falset, teníamos que espabilarnos, alumnos y profesores, ya que el presupuesto de nuestro departamento no contaba con los elementos básicos, para poder “hacer”, lo que era indispensable para aprender. Una vez tuve claro que no podíamos confiar solo con el presupuesto del colegio, me decidí a buscar los medios económicos a partir de las prácticas que haríamos durante el curso. Una de las cosas que hicimos fueron los Trebajos de Investigación. La Consejería de Educación convocaba cada año un concurso de investigación escolar, los premios CIRIT, con recompensas en metálico. ¡Eso fue extraordinario, porque con un tiro matábamos dos pájaros! Cuando daba clases y salía un tema del que podíamos sacar una experiencia, la planteábamos y se otorgaba a un grupo de dos o tres estudiantes que tuviesen cierto interés. De esta forma, cada curso hacía distintas experiencias y toda la clase las entendía, porque visualizaban los resultados. Cada año presentábamos tres o cuatro experiencias y las que teníamos la suerte que salían premiadas, eran dinero que nos servía para engrandecer la caja del departamento. Lo hicimos durante 5 años y en total presentamos 15 trabajos de investigación, de los cuales 7 fueron premiados. Estos premios se entregaban en el Palacio de la Generalitat e íbamos alumnos y profesores a recogerlos. Fue muy importante porque los chicos estaban muy motivados y la consecuencia fue que el aprendizaje era mucho más efectivo. Otra cosa que hicimos fue ir a podar a jornal. Vino el tiempo de poda y pensé aprovechar la ocasión para que los alumnos aprendiesen a podar, podando. Contacté con el propietario de un viñedo y le propuse podarle la finca con los alumnos, a un precio razonable y yo me comprometía a estar siempre presente, enseñándoles y haciendo el seguimiento. Le pareció bien y lo hicimos un par de años. La tercera actividad tractaba de elaborar un vino, embotellarlo y venderlo. Eso representaba comprar la uva, entre los alumnos y profesores, y lo propusimos a los padres que lo encontraron muy positivo. Así, además de hacer la práctica de la elaboración, también practicarían el concepto comercial. Aprovechando que teníamos uva hicimos distintas experiencias de maceración carbónica, vino de aguja y otros. Los estudiantes estaban realmente motivados y en las clases había muy buen ambiente, y eso hacía que aprendiesen muy bien. Aprovechando esa buena atmósfera, pensamos que sería interesante que visitasen las zonas vitivinícolas más importantes de Europa. I así lo hicimos, al final de curso i después de los exámenes, alquilábamos un autocar con chófer y ¡para Europa! Nos las arreglamos para que los viajes no nos costasen demasiado dinero, nos instalábamos en cámpings que para los chicos era mucho más motivador e informal, venía Rafel, un cocinero de Falset, que nos hacía las comidas. Cogíamos los utensilios de cocina de la residencia de la escuela y nos llevábamos los alimentos para una semana. Montse y yo preparábamos, meses antes, las visitas que haríamos a diferentes productores y bodegas o institutos vitivinícolas.  Eso lo hicimos 4 años, del 1984 al 1988. Y de esta forma visitamos las zonas de Burdeos, Borgoña, Champagne, la Escuela de Changins de Suiza, la Universidad Vitícola de Geisenheim en Alemania, Alsacia, Piamonte italiano, etc. Fueron unos viajes muy provechosos porque cada día hacíamos 3 o 4 visitas y los chicos llevaban un cuestionario preparado. Por la mañana el cocinero nos hacía el desayuno y nos daba un bocadillo para el mediodía. En terminar el día, volvíamos al cámping y el cocinero nos hacía la cena, luego, todos en círculo comentábamos las visitas hechas y las dudas que quedaban pendientes por preguntar al día siguiente.  Dos alumnos se encargaban de hacer un resumen de todas las visitas del viaje para repartirlo a todos. Fueron unos años muy intensos porque pude aplicar la didáctica que aprendí con el profesor Piaget, durante mis estudios en Suiza. Pero cuando la escuela pasó a depender de la Consejería de Educación se terminó todo. Ya no podíamos comprar uva de forma colectiva, para hacer el vino y venderlo, ya no podíamos hacer muchas experiencias porque no había suficiente presupuesto… pero, en fin, siempre recordaré aquellos años como una etapa en la que pudimos estimular a toda esa juventud para que se formase para trabajar para la sociedad. La mayoría de ellos están ahora haciendo vino por todas partes de las comarcas de Cataluña y muchos son los que forman el grosor de productores del Priorat actual. Josep Lluis Pérez Ovejero y Montse Ovejero Mas Martinet
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ALLÁ POR LOS 80… LOS 2 JAUME´S CIURANA

ALLÁ POR LOS 80…LOS 2 JAUME´S CIURANA 

Justo este año 2021 en agosto, hará 40 años que llegamos al Priorat, Montse, Sara, Núria, Adrià y yo mismo (Jordi nacería más adelante). Veníamos de Sant Cugat, del área de la metrópolis donde teníamos posibilidades y ofertas a manos abiertas, pero íbamos buscando el calor de la naturaleza. Yo, que nací y viví en el campo hasta los veinticinco años, era como volver a mis orígenes.

En el año 1981 me ofrecieron la dirección del entonces llamado colegio Sant Pau. El actual director era el padre Jaume Ciurana que se tenía que jubilar y necesitaba un sustituto. Este reverendo había promovido una asociación de padres y habían fundado la escuela. Comprendía el área de primaria de 1º a 8º curso y el área de formación profesional de 1º y 2º grado con distintas especialidades.

Hace 40 años Falset y el Priorat no eran como ahora. Los pueblos de la comarca contaban con poca gente joven y éstos iban a trabajar a Reus y Tarragona. Ni la uva, ni la avellana, ni la oliva se pagaban suficientemente bien para que saliesen las cuentas. Y, claro, la gente mayor se iba haciendo más mayor, los cultivos se abandonaban y la poca gente joven se iba a la ciudad. Las escuelas de los pueblos estaban cerradas por que no había suficientes niños.  Fue éste el panorama que nos encontramos en llegar.

El colegio Sant Pau era una oportunidad para los adolescentes de poder aprender un oficio, se podía estudiar agraria, administración, mecánica, electricidad, y electrónica. El Padre movió cielo y tierra para tirar la escuela adelante. Más tarde, “el otro” Jaume Ciurana, quien era entonces presidente del INCAVI hizo los posibles por incluir la especialidad de Viticultura y Enología de 2º grado. Eso fue muy interesante para los chicos de la comarca que eran hijos de viticultores, pero también interesaba en general ya que en España no existía esta especialidad en grado superior de formación profesional, y para cursarla se tenía que ir a Francia.

Jaume Ciurana estaba unido a Falset porqué su familia era de aquí y tenía interés en promocionar la comarca. Lo conocía bien, él me explicaba que si se crease la escuela de Enología en Falset daría un prestigio a la comarca del Priorat, que ya era conocida como clásica en la elaboración de vinos, pero de vinos a granel. Los negociantes franceses y algunos españoles compraban los vinos, principalmente, para mezclarnos con los suyos y augmentar el grado y el color. Decía que era la escuela se podría utilizar para aprender a hacer vinos de calidad y embotellarlos, que la uva ya tenía la calidad excelente. Eso podría dar una mayor riqueza al Priorat y a la vez, a todos los vinos de Catalunya. Jaume Ciurana lo veía claro. Lástima que se murió antes de tiempo y no pudo ver lo que él ya pronosticó.

Con el reverendo, en el año 1982 visitamos la escuela de bodegueros de Requena, que daba contenidos de viticultura y Enología, pero a nivel de primer grado, y nosotros empezaríamos con el segundo grado. A mí me interesó mucho, ya que era una especialidad muy adecuada para la zona y en la escuela haríamos todo lo posible, y además, para que tuviese una gran influencia en la comarca. Y de hecho, así ha sido.

Se construyó una nace de bodega de elaboración, bodega de crianza, laboratorio, y sala de cata. Y empezó a preparar todos los requisitos para empezar el curso 83/84. Se contrató a un enólogo y un ingeniero agrícola, debido a que Montse y yo no teníamos ni idea de esta especialidad y nos pusimos a estudiar mucho, dedicando muchas horas diarias, levantándonos muy pronto y acostándonos muy tarde. Sobre todo, eestudiando enología.

Durante los dos primeros años de la escuela nosotros dos dábamos química y física a los alumnos de todas las especialidades: enólogos, administrativo, mecánicos y electricistas. A partir del tercer año ya cogimos toda la responsabilidad de viticultura y enología, dando todos los contenidos.

El presidente del INCAVI Jaume Ciurana hizo un convenio con el colegio para dar un servicio de análisis oficiales de vinos, dependiendo de la Estación Enológica de Reus, y una asesoría técnica a las cooperativas de Terra Alta, Ribera d’Ebre y Priorat. Así, INCAVI, además de hacer posible la ampliación de una nueva especialidad, ayudó económicamente, aportando parte de nuestro sueldo, para nuestra dedicación a estos servicios.

Empezó una etapa muy y muy activa por nuestra parte que afrontamos con mucha ilusión, seguros de que se estaba gestando un futuro nuevo, aunque no imaginábamos toda la envergadura que ha cogido. Me atrevería a decir que la semilla la pusieron los dos Jaume’s Ciurana.

Montse Ovejero y Josep Lluis Pérez
Mas Martinet

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EL PADRE JAUME CIURANA Y LA ESCUELA 

EL PADRE JAUME CIURANA Y LA ESCUELA 

El pasado lunes estuvimos en casa del Sr. Ignasi Puxeu. Quien estuvo vinculado durante mucho tiempo con la Asociación Docente Priorat, y desde allí fue testimonio de primera mano del nacimiento de la Escuela de Viticultura y Enologia del Priorat y, en concreto, de la gran tasca que el Padre Jaume Ciurana desarrolló para crearla.

Conoció al Padre Jaume acompañándolo a Reus algún sábado, aprovechando sus viajes comerciales. En esos tiempos “pocos coches había”, recuerda. Nos presenta al Padre como un hombre con un carácter muy fuerte (…) Con sus ventajas e inconvenientes. Se le puso en la cabeza subir el nivel cultural de Falset y comarca”. El Padre empezó con cursillos de paleta y de electricista para el Patronato de Promoción Agraria y de Trabajo, allí donde había la Asociación Musical, detrás de la Iglesia. En su día, una sacristía pequeña y descuidada. A raíz de hacer los cursillos, se fue arreglando hasta construir la nave actual. Aunque desde el Ministerio querían que se derrumbase, ya que esas obres estaban consideradas como prácticas para los alumnos. Puxeu nos explica: “Y él se fue a Madrid, en tiempo de Franco, a ver un ministro, me parece que era Torcuato, y le dijo: mire aquí hay las fotos de cómo era antes y tal y como está ahora. Y le dijo: ¿qué tenemos que hacer? ¿Tirar esto al suelo?”  Y, palabras textuales del padre Ciurana, “este ministro me mira y dice: usted lleva sotana… yo, a usted no le he visto y todo lo que me han mandado no lo he recibido, por lo tanto, que haga lo que quiera

El Padre reunió la asociación y les dijo que necesitaban dinero, necesitaban una sede de verdad y organizar más cursos, llegar a más gente. Era el día de San Esteban de 1961 y se reunieron (de 20 en 20 en diferentes reuniones) hasta reunir 158 personas comprometidas a pagar a fondo perdido 5.000 pts. Seguían haciendo cursos en la abadía y en la escuela de música… y después secundaria… Buscaron donde ubicar la escuela (primero se pensó en el Castillo) pero el Sr. Miquel Puig Cardona, un buen falsetano, de los mejores, porqué yo le he conocido comercial y particularmente, una bella persona”, dice. Le ofreció los terrenos actuales: “No sufra Mn. Jaume, allí en la masía… coja los terrenos que le convengan, vaya allí y escojan. Olvídense de Castillos”

Y así empezó todo, un presupuesto de 6,5 millones de pesetas, reuniones con la consejería para subvenciones,  préstamos (firmados por los mismo socios): “La asociación, 25 socios (uno de ellos fui yo), firmamos un crédito por 2,5 millones. Que son pesetas, en ese tiempo… eran bastante dinero”. Y todo fue siguiendo su curso hasta que se quiso empezar con la formación profesional agraria en los terrenos de delante (que se compraron por 500.000 pesetas) pero no tuvo éxito, al principio. Hasta que se plantó viña y esa formación agraria se planteó como formación profesional de viticultura y enología. Se reunió con el Sr. Carol (consejero de Agricultura en Falset), delegados diversos de agricultura… desde la Generalitat se apostaba por hacer una formación de capacitación agraria, pero la asociación tenía claro que quería una formación profesional.

El Sr. Jaume Ciurana Galceran, presidente del INCAVI y enólogo de profesión (y originario de Falset), estuvo de acuerdo en que Falset tenia que aspirar a eso y mucho más. Falset estaba a caballo de Tarragona, Terra Alta y Priorat y, la formación profesional de ese tipo era muy necesaria. Gracias a él, la escuela tiró adelante y pudo ofrecer esa formación de 2º grado con profesores como Josep Lluis Pérez y su mujer, Montse Ovejero. “Porqué aquí solo se habla de Josep Lluis Pérez, pero Montse Ovejero, a mí me consta que dentro del laboratorio y dentro de las clases, fue la sombra pero hizo mucho, mucho trabajo” comenta.

Llegaron tiempos muy buenos para la escuela y para Falset, venían de todas partes a seguir esos estudios. Se amplio la escuela con una nave especialmente diseñada para esos estudios, un lugar donde seguir todo el proceso de hacer el vino. Los terrenos también los cedió el Sr. Miquel Puig Cardona pero se tuvieron que pedir más préstamos para la construcción (20 millones, era el presupuesto: una subvención de 5 y créditos, firmados por la asociación de nuevo. Y todo iba bien, pero…

La Universidad de Tarragona ofreció una especialidad de viticultura y enología, ampliando la oferta en este terreno, la Generalitat exigía que la escuela ofreciera más formación de primero y de segundo grado. Y todo ello era inasumible para la asociación y para el mismo centro. “Con el padre mayor, tenía ganes de jubilarse, y yo, viendo los números” Llegó el momento de pedir al que el Departamento de Agricultura se hiciera cargo de la escuela. Pero no querían o pudieron… nunca se sabe cuándo la política entra en el juego. Y se pidió ayuda al Ayuntamiento, “Y así se terminó todo. La escuela tuvo mucho éxito, pero murió de éxito».

El Sr. Puxeu remarca que la escuela supuso un cambio para Falset y comarca, el nivel económico de la gente aumentó. “Antes había restaurantes donde se comía mucho y barato. Más adelante vino lo de, es caro pero muy bueno.”

Le preguntamos al Sr. Puxeu de dónde era el Padre y nos dice que era de Arbeca. Tenía las fincas allí y las vendió. “Primero llevaba Manzanas de sus fincas para el colegio. Después se las vendió y puedo constatar que fue para la escuela.” Dio mucho para la escuela, inclusos su sueldo. Nos explica que durante los primeros años de la escuela cuadraban los balances de esta manera porque la parte del parvulario siempre era deficitaria. Más adelante, ya no hubo suficiente con su sueldo y se pidió dinero a diferentes departamentos. Gracias a Jaume Ciurana Galceran  ayudó a la escuela desde muchos departamentos de la Generalitat, y fue de mucho agradecer ya que era un momento en que la administración no tenía dinero.

Y acaba sonriendo y dice: “Felizmente se acabó bien. Porqué hoy hay el Instituto que trabaja bien”.  Y no es necesario ir a Móra, porque desde el departamento de Educación la opinión generalizada siempre fue que los alumnos de Falset fuesen a Móra.  Tanto por parte del Padre Ciurana, como por parte de la Asociación es lo que siempre se quiso evitar y lo que permitió que Falset tuviese, y tenga, Instituto propio hoy en día “lo justo y los alumnos para Móra”  

Muchas gracias por el trabajo y por el esfuerzo dedicado.

 

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VINO RANCIO DE CEREZAS EN DINAMARCA

VINO RANCIO DE CEREZAS EN DINAMARCA.

Frederiksdal Kirsebærvin

La costa de la isla de Lolland, en Dinamarca, resulta ser un lugar ideal para el cultivo de la cereza.

El invierno es respetuoso y la primavera primeriza, prestándose a una temporada generosa durante la cual las cerezas maduran lentamente desarrollando una gran complejidad de matices.

En la punta oeste de la isla encontramos un castillo señorial.  Cuando se llega después de cruzar medio país en coche con la sensación de no llegar a ningún sitio, este caserón proyecta una sensación de estar en un lugar con un pasado esplendoroso. Bañado por la luz especial de las latitudes del Norte, entre un cielo azul intenso y prados exultantes de verde, la sorpresa deja paso a un sentimiento de extraña familiaridad.

Para los que hemos crecido con Las aventuras de Tintín, la edificación recuerda instantáneamente el Castillo de Molinos de Arriba o de Moulinsart, ese castillo que compra el profesor Tornassol al final de El tesoro de Rackham el Rojo y que se convierte en su casa, compartida con el capitán Haddock. El caserón de Frederiksdal parece la versión danesa del Castillo de Cheverny en el Valle del Loire (Francia), en el que se inspiró Hergé.

Harald Krabbe, propietario de Frederiksdal, heredó la finca y decidió implicarse para que no se deteriorase la edificación ni el potencial de sus tierras. Soñador y voluntarioso, Krabbe decidió hacer vino de cereza con una variedad de cereza nórdica: la cereza danesa Stevnsbær negra, a menudo llamada uva nórdica.

Se trata de una cereza que, una vez madurada, mantiene una acidez extraordinaria, como no podía ser de otra manera en esas latitudes, y demuestra una complejidad y un potencial sorprendentes. El proceso de vinificación es parecido al de nuestro vino, aunque la logística de cosechar la fruta y hacer el mosto implica algunas diferencias. El vino resultante que proponen en esta bodega tiene un azúcar residual bastante alto para compensar esa acidez.

Harald y sus colaboradores hace tiempo que trabajan una línea dedicada al vino rancio de cereza, que él vincula directamente a Catalunya (aunque prestigia más a través de Madeira, Porto, Banyuls o Maury).

Es impactante ver como a tantos quilómetros de casa pervive este concepto, aunque castellanizado con la palabra rancio; sinceramente, tendríamos que hacérnoslo mirar.

El sutil pero evidente encanto del rancio se percibe perfectamente, entre el carácter propio que aporta la cereza, desplegándose toda su complejidad y madurez. Todo ello gracias a un reposo de un año en una extensión de garrafas de vidrio llenas de vino de cereza que, a sol y serena, evolucionan al sonido del viento y las olas del mar báltico. El vino pasa otro año en botas de Coñac de 450 litros antes embotellarse.

Aunque este envejecimiento es precoz, el resultado final evaluado desde el prisma del vino rancio no está nada mal. De hecho, junto con la sorpresa un punto exótico que supone en nuestra zona un vino de cereza me pareció un producto digno de las mejores sobremesas. Aquí dejo la referencia anotada por si algún lector, de viaje por el norte, se encuentra una botella y se anima a traerla a casa.

Bernat Guixer – Espiritu Roca. Celler de Can Roca.

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VINO RANCIO, VINO BUENO

VINO RANCIO,VINO BUENO 

La evolución a lo largo del tiempo en condiciones concretas lleva ciertos vinos a envejecer – y alguien dirá acertadamente que a embellecer-  de manera extraordinaria.

El vino rancio es un tesoro escondido de las regiones más cálidas con tradición vinícola.

Un vino de colores pardos, terrosos, caoba, bronce. Aromas complejos, dulzones, tostados, de tabaco seco, de hidrocarburo y unas notas acetónicas desconcertantes de entrada. Sabores de frutos secos, de algarroba, tostados, amargos y hasta toques umami. Textura densa y a veces áspera y una persistencia en boca larguísima. Un vino que quiere su tiempo para ser disfrutado.

Como consumidor, la aproximación al vino rancio puede ser lenta y hasta puede generar un cierto desconcierto. Se añade la connotación bastante peyorativa que tiene, al menos actualmente, el adjetivo rancio que de entrada puede generar una perspectiva poco alentadora para el consumidor. Por otro lado, este nombre prepara para abordar un vino que no es común y que, seguro que sorprende, donde encontramos aromas volátiles que inicialmente pueden parecer hostiles.

Pasada esta barrera de entrada, poco a poco se abre un mundo de complejidad y matices que hacen, que quien tiene la paciencia de ir entrando acabe apreciando este vino como un compañero de sobremesa leal y genuino.

Históricamente encontramos otras denominaciones para referirnos a él: vino de la bota madrina, vino de la bota del racó, vino bueno o vino de digerir.

Estos nombres denotan y dan una idea del papel que este tipo de vino ha jugado a nivel antropológico. Tenemos un vínculo muy fuerte con el vino rancio, aunque nos lo miramos desde la lejanía: el factor cultural. Un factor cultural que hemos estado a punto de perder y que no hemos dejado de cultivar y cuidar.

Afortunadamente, el vino rancio en Catalunya ha vivido un resurgimiento los últimos años. Este redescubrimiento y revaloración del vino rancio ha despertado el interés y la inquietud de recuperar barricas antiguas, dejadas de la mano de Dios y casi desvalidas en rincones de casas familiares y bodegas. En algunos casos, la falta de relieve generacional ha dejado en suspenso un vino o unas botas que llevan escrito en lenguaje vitivinícola la historia de esa familia o bodega.

El trabajo de recuperación de botas viejas es un esfuerzo ingente que algunos y algunas elaboradoras valientes han querido regalarnos. Cuadrar los números puede ser una quimera teniendo en cuenta la necesidad de recuperar botas antiguas y a veces resecas. Además, el tiempo es un elemento indispensable para que se integre el vino joven que refresca las madres de la bota, con un valor muy alto, difícilmente cuantificable.

Afortunadamente, son bastantes los ejemplos de apasionados que trabajan en el sino de la geografía catalana para que vinos que reposan en estancias oscuras lleguen a las mesas del consumidor sensible por acompañar sobremesas con postre de músico, mel i mató, carquinyolis, pastissets o rosquillas.

Sin ir más lejos, el dulce rancio que cuida Sara y su familia de Mas Martinet desde hace más de 20 años es una joya que muestra el potencial de estos vinos y que posiciona el vino rancio entre los grandes vinos oxidativos del mundo.

Son gotas de vino que condensan el paso del tiempo, es la historia de un rincón del mundo y la uva de un tiempo pretérito.

Bernat Guixer – Espiritu Roca. Celler de Can Roca

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LOS RANCIOS SEGÚN RENÉ BARBIER

LOS RANCIOS SEGÚN RENÉ BARBIER

Hemos visitado a René Barbier, de Clos Mogador. El padre. El fundador. Hace ya mucho que está en el Priorat pero sigue diciendo que él no es la historia del Priorat. Aunque podamos discrepar, porque es una parte muy importante. De la historia más reciente, pero de la historia, al fin y al cabo.

Nos habla de los rancios… le preguntamos si quería colaborar con nosotros en el blog y en seguida estuvo encantado: para Sara, lo que sea” – nos dijo. 

 Y lo primero que hace es introducirnos en la Asociación Arrels del Priorat. Un proyecto que comenzó sobre los años 90 para recuperar los vinos rancios prioratinos y darlos a conocer.  Los puso a la venta en lugares tan internacionales como los Harrods en Londres, o las Galeries Lafayette en Paris. Un proyecto que actualmente lleva junto con Jaume Balaguer (Celler Balaguer i Cabré) en una pequeña bodega de Gratallops y que le ha llevado a conocer de primera mano la historia de los rancios de nuestra comarca, de los rancios de cada pueblo y de cada casa… La historia de un tiempo que tiene que volver, como dice él. Arrels le ha llevado a hablar con los payeses que todavía conservan alguna barrica vieja en casa y con los que lo han dejado correr, pero todavía recuerdan los viejos tiempos. Pero reconoce, que ha sido un proyecto que les ha exigido una gran inversión sin ningún retorno. Un pozo sin fondo.

Cuando nos habla de los rancios nos explica que son la punta del iceberg de un mundo olvidado que para mí volverá”. Arrels le brindó la oportunidad de seleccionar algunos rancios (12 en total, de 12 pueblos distintos) y con un dibujo representativo de cada casa hecho por Isabel, darlos a conocer. Situarlos en los mejores lugares del mundo… pero sin éxito. El rancio es un producto que tiene que ponerse en contexto, que necesita ser explicado para entenderlo y apreciarlo en plenitud. El nombre es lo primero que cuesta. Aquí tenemos muy claro de qué hablamos, pero internacionalmente se conoce el Jerez, el Vin Jaune… pero no el rancio. Un tema a reflexionar entre todos”, dice.

Nos explica que el rancio, además de ser una producción muy local, se explica también como una manera de aprovechar el producto, en este caso el vino, en conjunto. “Hay mucha imaginación y es un patrimonio que los payeses han sabido guardar y transmitir hasta ahora”. Remontamos la historia de estos vinos a las explotaciones rurales del 1880 hacia atrás. Ya que, hacia adelante, en las épocas más recientes, el tema se complica. Pero antes, los rancios eran de una lógica aplastante. “Todo se trabajaba con animales, y la cosecha se alargaba más de 3 meses (…) comenzaban al lado del río, (…) por los blancos. Y no es ninguna tontería, (…) es muy fresco. Del río iban subiendo, es decir, un poco más arriba había los vinos de consumo, que eran frescos, de calidad. Siempre eran Buenos, porque si no eran buenos eran vinagre y sinó, era rancio (…) Y llegabas a noviembre/diciembre, y se empezaban a pasificar y se hacían los vinos dulces…”    

Se aprovechaba toda la cosecha en todas sus formas posibles. También la venta estaba adaptada, recordamos las bodegas en las ciudades, concretamente recuerda cuando era pequeño, que había bodegas que tenían su rancio, sus barricas, los vinos frescos, los vinos dulces… Era lo que correspondía a la vendimia. Después de toda una vida en el Priorat, te das cuenta de que las cosas no se hacían tan mal…”  comenta divertido.

Y nos compara los vinos con los quesos, de todos los tipos de queso que había antes, que también eran un producto de aprovechamiento… pero que poco a poco se fue simplificando para unificar los tipos y quedaron solo 4. Y ahora volvemos a diversificar… Sin poder dar las culpas a la globalización sino simplemente a la economía. Él habla de “la ingeniería económica”. Buscando rentabilidad, se ha perdido la riqueza en la diversidad.  “Es como querer hacer un solo vino en todo Priorat, en las cooperativas (…) ya tendré problemas otra vez (ríe), pero en el fondo, lo que tenían que haber hecho era los vinos para los payeses, y ser un intermediario para dar a conocer esta globalización general, como en los quesos.”

Pero recuerda que a la época iban a buscar la uva con el animal, y llegaban las garnachas en la bodega a 17º y el vino necesitaba tiempo para doblarse (…). No se asustaban como nos pasa a nosotros”, sino que lo ponían en la barrica de rancio porque no lo veían claro. Y allí la volátil disminuía… los ácidos se transformaban… se transformaba el gusto. Se convertía en rancio. Y lo que sí se debía tener cuenta era que necesitaban 3 litros de vino, para hacer 1 litro de rancio. Porqué trabajaban con madera de castaño local (castaño y rancio, indispensable asociación), nos apunta. El trabajo del tonelero era imprescindible, porqué las barricas se tenían en las golfas, y con un clima tan seco como el nuestro, representaba disponer de más vino y tener mucho cuidado de las barricas. “Tenías que ser tonelero, tenías que ser de todo”

Pero conseguíamos un producto único, un producto que ya ha condicionado la gastronomía local. Símbolo de nuestra identidad gastronómica. Un producto muy importante para la cocina local como base o bien como acompañamiento del postre… el postre de músico, por ejemplo. Aunque ahora que hemos trabajado con este producto, te das cuenta de que marida perfectamente con anchovas y también con alcachofas (siempre tan difíciles) – nos comenta.

Y los rancios se transmitían de padres a hijos (esa receta familiar que se va heredando) Esa sabiduría que tanto apreciamos en culturas más lejanas, en nuestra cultura también la tenemos.

Y por esta razón, cuando René nos dice convencido que esta historia de la que hablamos tiene que volver, es porqué detrás de los rancios hay todo lo que busca un territorio: personalidad, tradición…

La rentabilidad puede que no sea tan rentable cuando perdemos esta tradición y personalidad. “No es la globalidad que echa a perder las cosas, sino que es nuestra manera de entenderla (…) Tendrías que hacer el Priorat llano, para poder ser tan rentable como los demás”

Agradece el proyecto Arrels del Priorat, el hecho de entender el producto. Aunque reconoce que con el paso de los años se ha perdido la esencia. “Desde la modernización ya no hemos trabajado los momentos de la viña (…), sinó que hemos alimentado este producto con graneles (…)” Ahora se están haciendo rancios más ligeros, más tranquilos… Pero es igualmente, un punto de encuentro… Hemo perdido la capacidad de adaptación que tenían nuestros antepasados, adaptación a los tempos y momentos de la viña. Hemos echado a perder variedades que se adaptaban a los distintos territorios “con el tiempo hemos sido mejores enólogos pero peores viticultores. No peores, sino que hemos querido simplificar. Y cuando quieres simplificar acabas perdiendo tu identidad.”

El rancio no solo tiene el mérito del producto en sí mismo, sino también el mérito de continuar con la tradición. Por eso, en el proyecto Arrels del Priorat, René escogió un socio del Priorat, porque “Yo no soy la tradición del Priorat. Seré una tradición de vinos, pero no del Priorat, aunque que mi abuelo y mi bisabuelo hacían rancio Priorat, pero como a negociantes.”  La gran diferencia es hacerlo como viticultor. Y saber que el rancio corresponde a un momento de la viña, a un momento del tiempo y a un espacio, convirtiéndolo en un producto excepcional que marca la gastronomía, la gente, las tradiciones…  

Nos lo compara con la biodinámica. No dice la ecología, “porque la ecología será obligatoria, pero a la biodinámica vamos llegando poco a poco” dice convencido. El consumidor exige cada vez más la trazabilidad de los productos. Mas Martinet, como también Clos Mogador, podrían vender lo que hacen a un ingeniero alemán y si lo comprásemos a ellos estaríamos convencidos que está bien y vale lo que pedimos.

Para terminar, propone hacer un planteamiento a nivel de Priorat. Porque si bien es verdad que antes se producían rancios por todas partes, “como el vino, el rancio de Priorat, tiene una personalidad muy grande”.

Muchas gracias René, por las ganas de compartir

RANCI DOLÇ: ELABORACIÓN

RANCI DOLÇ:ELABORACIÓN

¿Y cómo hacemos nuestro Ranci Dolç?

Pues el Ranci Dolç de Martinet es un vino naturalmente dulce (sin adición de azúcar o alcohol) hecho con Garnacha Negra 100%. La Garnacha del bancal gran qué tenemos aquí mismo, delante de la bodega. No dedicamos la cosecha cada año al rancio, pero si los años más calurosos, si es posible. Cosechamos la uva alrededor de los 15º de alcohol probable y lo dejamos sobre cañizos, a la sombra, para que se vaya secando poco a poco, entre 7 y 21 días. Para conseguir una uva deshidratada, de alto contenido en azúcar y, por lo tanto, un dulce natural.

Una vez la uva ya está deshidratada, lo chafamos y lo dejamos fermentar con sus levaduras naturales durante un par de meses, lo prensamos y lo metemos en damajuanas o en una barrica donde acabará lentamente la fermentación hasta el año siguiente (quedarán aprox. 80 gr/l de azúcar). Cuando este proceso finaliza, rellenamos las primeras barricas viejas de la bodega. Unas barricas que hemos recogido por el Priorat poco a poco, hay de Torroja, del Molar, de Gratallops… recogidas, la mayoría de ellas, porque sus propietarios originales las tenían olvidadas en sus cases y ya no las utilizaban. Allí, en las barricas, es mezclará con el vino más viejo (el primero es del año 1994) y con las madres centenarias, responsables de convertir el vino dulce en un vino rancio fino, elegante, cremoso…  Cada año, en la luna vieja de enero, rellenamos al ras de carretells* de rancios, empezando por la más vieja a modo de soleras.

Cuando embotellamos, solo embotellamos una tercera parte del vino que tenemos en la barrica madrina. Como si se tratara de un jerez, solo embotellamos una saca que indicaremos en la etiqueta. Dejamos siempre dos terceras parte del vino de manera que la acabamos de rellenar con vino más joven, de otra barrica, y así… a soleres, hasta llegar a la barrica que acogerá el vino más reciente.

La primera saca de este vino se hizo en el 2017, con más de 22 años de crianza. Ahora ya llevamos 2.

Un vino que quiere calma, reposo, serenidad y, sobre todo, para disfrutarlo en plenitud de consciencia.

*Ras de carretells: a diferencia de las soleras tradicionales, en el Priorat, las barricas o carretells se disponen solo en horizontal, sin remontar

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VINOS OXIDATIVOS

VINOS OXIDATIVOS

VINOS OXIDATIVOS 

Cuando pensamos en vino, ya sea como consumidor, elaborador, sumiller, portfoli managers, comprador o, simplemente, como apasionado; muchos de nosotros pensaremos en blancos, negros, espumosos, rosados…. y finalmente, a lo mejor, incluimos una pequeña casilla o dejamos un pequeño espacio para los vinos “especiales” donde caben dulces, rancios, vinos fortificados, etc.

En los últimos 40 años, las revoluciones en el universo vinícola se han ido sucediendo a una velocidad difícilmente “tolerable” en un sector donde las decisiones se toman, a menudo, para que puedan aprovecharse por nuestros hijos. La llegada de los vinos de fruta, concentrados, maderas nuevas, variedades Internacionales, emparrados en los viñedos, alta tecnificación, etc. Desplazaron un tipo de vino más afinado, suave, con menos carga frutal y menos exuberante.  En definitiva, parecía que los grandes vinos clásicos de Burdeos, Borgoña, Rioja, Jerez y Oporto habían caído en el olvido por gran parte de los consumidores. La inmediatez y el impacto a corto plazo se habían impuesto.  Los últimos años, con la vuelta de las variedades locales, sistemas de poda tradicionales, vinos equilibrados y crianzas más respetuosas han venido acompañados, también, de una reivindicación de los productos de tradición local, maridajes regionales y consumo de proximidad. Y ahora, abrazamos los vinos blancos macerados con pieles, que incluso nos han aportado un nuevo color a las cartas de vinos. No nos sorprendemos con los rosados envejecidos y con los espumosos con degollado antiguo. Y, lo que por muchos fue considerado un error y/o defecto, actualmente lo vemos más como una virtud y diferenciación.

Es precisamente en las variables del tiempo, en los errores y los defectos, donde los vinos “oxidativos” se sienten cómodos. Ya sea elaborados con velo, dulces envejecidos, rancios secos, sol y serena o mezcla de añadas. Vinos blancos, tintos y rosados secos con crianzas infinitas, aromas complejos y animales, volátiles elevadas, etc… pero que nos piden paciencia para cocinar, para comer y sobre todo largas sobremesas para que puedan explicarnos toda la historia que hay en cada gota, cada sorbo. Pero, por encima de todo, nos exigen tolerancia, aceptación y mente abierta para sacarnos, de una vez por todas, la idea de los defectos, de los errores… y abrirnos al rico patrimonio que la historia y las tradiciones locales nos han dejado a lo largo del tiempo.

Tenemos que buscar en nuestro día a día, ese momento para pensar, reflexionar, leer, conversar, y acompañarlo de una copa de este rico patrimonio que nos han dejado todos los viticultores y elaboradores de todo el mundo. Pero, sobre todo, me gustaría reivindicar todos los vinos oxidativos de la Mediterránea. Creo, no sé si equivocadamente o no, que es precisamente en esta gran zona, con una luz especial, donde estos vinos pueden hablarnos de tradición, de tiempo, de la historia propia y de pasión. Porque… ¿quién dijo que la oxidación es un defecto?

Roger Valls
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