SARA & RENÉ

 

El proyecto de Sara & René comienza gracias a una pequeña herencia que recibió René por parte de su abuelo, él, René, tenia muchas ganas de crear un proyecto desde la viña, sin presiones familiares, una cosa que fuera suya,  René llevaba trabajando en Clos Mogador, al lado de su padre, en bodega, desde 1992, sin tocar la viña para nada, y era una parte del proceso que le hacia gracia aprender y trabajar.

Empezó a mirar viñas y, finalmente, compró un viñedo en el valle de Pesseroles. Un viñedo abandonado, con 4 terrazas mal hechas y la parte de arriba, de blanco en producción. Las terrazas las convirtieron en ladera: “creo que debe ser la primera vez en la historia que eso pasa” nos comenta divertido. La idea era trabajar con viña vieja, pero esa viña estaba abandonada desde hacía 10 o 15 años, así que la tuvieron que recuperar. Una Trabajo enorme en horas, dedicación y paciencia. Era necesario podar, podar, podar… Coger la última hoja verde e ir podando. “Porque claro, cuando una viña no se poda, produce madera, y solo saca un brote nuevo al final de todo… entonces vas cortando, va rebrotando, vuelves a cortar por debajo…” nos explica. Y así tardaron unos 4/5 años en conseguir rejuvenecer la planta. Suficiente para que volviese a ser productiva. Poco productiva, pero productiva, al fin y al cabo.

Sara nos explica que las plantas no necesitan dar mucha fruta. En la naturaleza, en el bosque, allí donde no interviene la mano del hombre, una planta solo hace semilla por supervivencia y, con tal de que esa semilla no le haga la competencia allí mismo, tiene dos opciones: o es el viento que se la lleva más allá o bien la recubre en forma de fruta, para que sea un animal quien se la coma y, mediante sus excrementos, la vuelva a la tierra unos metros o pocos kilómetros más lejos. “A nosotros esto nos encanta, pero no nos vale solo una semilla, sino que queremos un kg. Por lo tanto, tenemos que rejuvenecerla (…) Es como engañar la planta, seducirla para que te dé un montón de fruta”

Evidentemente, durante las primeras añadas solo utilizaron la uva de la parte de viña que ya estaba en producción, de la parte alta que alquilaron al comprar la parcela. Y a medida que la viña vieja recuperada fue dando uva, pudieron augmentar la cantidad de botellas producidas. Ahora ya están en plena producción, pero ha costado 20 años. La gran sorpresa ha sido que el 80/90% de las viñas han sobrevivido. Un índice altísimo tratándose de viña vieja tanto tiempo abandonada.

En la misma parcela, y siempre en producción, hay el blanco. Una viña de 50/60 años, una de las viñas de blanco más viejas de la pareja. Bellvisos blanc es el descubrimiento del trepat blanc. Una variedad que genéticamente no tiene nada que ver con el trepat tinto, y de la que solo existen unas pocas hectáreas entre Montsant y Priorat.

En el 2002 hicieron una nueva plantación de garnacha, monastrell y un poco de sirah. Y en el 2008 empezaron a hacer el vino Partida Pedrer. Al principio, parecía un segundo vino de viña joven. Costó definirlo. Después de unos años probando, en el 2014, después de haber hecho Dido, la solució Rosa y también, después de una conversación con Josep Roca en la se preguntaba por qué no hacíamos rosado en el Priorat, René decidió darle un giro y probó hacer un rosado también. 2014 y 2015 se hizo el rosado y el tinto. “2016, ¡el tinto me sale fatal y el rosado me queda genial! Y a partir del 2017, mira sabes qué… lo hacemos todo rosado. Pero en el 2018 vuelvo a hacer una prueba con maceración carbónica” nos dice. Eso fue un punto de inflexión. Tanto el tinto, más ligero y con menos color. Como el rosado, utilizando la parte más concentrada de la viña. Y así lo han mantenido hasta el día de hoy.

El proyecto de Sara & René es un proyecto que lo han sentido siempre como una oportunidad para investigar: “Es nuestro I+D” dice René. Un proyecto donde se han sentido libres por el hecho de ser un proyecto propio y no tener que rendir cuentas.

Uno de los pilares fundamentales sobre el que se basa el proyecto desde el principio, era el hecho que querían los vinos muy viejos. Los primeros 10 años, destinaron todo el dinero que ganaron de una asesoría en la Ribera Sacra, directamente hacia S&R. Y el día que dejaron la asesoría, fue el día que empezó a vender el vino. 5/10 años de envejecimiento, las botellas pequeñas (ahora mismo están en 7 años) y 15/20 años, los mágnums. Una parte muy importante de la producción se embotella en este formato.

Y uno de los otros pilares era que querían vender los vinos por un canal de distribución diferente. Uno de los temas pendientes en el que aún se está trabajando. De momento, hay una veintena de restaurantes de alto nivel que tienen el proyecto de forma exclusiva y la intención es hacer llegar el resto de las botellas directamente al consumidor final. Son vinos caros tanto por la poca producción, como por lo que se refiere a la crianza de los vinos y esta es la manera de que los vinos lleguen a un precio más ajustado.

Puede que en un futuro no muy lejano se podrán conocer tanto las viñas como los vinos in situ. Una posibilidad en la que se está trabajando y que permitirá enseñaros la belleza y la dureza de estas viñas tan especiales.