CONVERSANDO CON MARIA CARME SIMÓ.

Hoy, 8 de marzo, nuestro sencillo homenaje a la mujer trabajadora. Escogemos una conversación entre dos mujeres. Sara Pérez, nuestra Sara, y una mujer increíble, Maria Carme Simó, de Bellmunt del Priorat. Payesa, ante todo, pero también ha sido Presidenta del CIT (Centro de Iniciativas Turísticas), Alcaldesa de Bellmunt y Presidenta de la Cooperativa de Gratallops. Luchadora. Todo carácter i toda humildad.

El escenario: su casa. Su comedor. De fondo: la viña, el campo. Reconoce que le gusta, aunque se cansa mucho, pero sigue haciendo la poda, la poda en verde la primera sulfatada (primera y única, “bien mojada la cepa, de abajo hacia arriba”) y a vendimiar.

76 años y se ve de lejos su Fortaleza y, a la vez, su sencillez. Desprende ternura y mucha ilusión. Y cuando repasamos su trayectoria parece extrañada, como si se lo hubiera encontrado sin escoger. Pero sí que escogió porque podíamos haber marchado, pero nos quedamos”. Sí, fue de los que se quedaron a trabajar la tierra, como sus abuelos y bisabuelos. Sin referente femenino a quien parecerse, perdió su madre con 8 años, ella fue haciendo y acabo trabajando en el campo, como “su padre, los tíos, las tías, todos… toda la familia”. Y cuando Sara le pregunta si era la única mujer, responde que sí, claro. Todo hombres, pero se encontró cómoda y se quedó allí, con ellos, en la parte alta de las estructures de poder que existían.

La Maria Carme payesa, tiene viña, olivos, avellanos y un par de almendros. El trabajo que prefiere es la poda y no sabe por qué. “Me gusta podar y ¡mira que son cepas viejas y feas! (…) Hay algunas que son muy feas. Hay otras que no, que son bonitas, así, grandes” Y le pregunta a Sara: Tú que eres técnica (…) Por qué? Si los plantaron todos uno detrás de otro…” Nos explica que los plantó su abuelo y que los plantaba cuando tenía céntimos, porque no iban al banco a buscar dinero. Pero su padre ya no plantó ninguno. O sea que sus cepas deben tener más de 100 años, aunque todavía no las ha analizado para saberlo ciertamente, por lógica… Tiene una viña, toda Garnacha y un terreno muy fértil donde crece mucha hierba en primavera: “Y cada temporadita sale una hierba distinta. Ahora de color azul, ahora unas florecitas amarillas, unas blancas, unos gallitos, después otras que son amarillas y blancas (…) ¡Y no veo las cepas!”  

Sara le pregunta si hay relevo generacional y ella dice: “hay el vecino del lado, un chico joven que ha estudiado en Falset y en Tarragona” pero también nos habla del su sobrino que ha ido plantando viña y de otros no tan jóvenes como el chico de al lado, pero jóvenes, al fin y al cabo, que han comprado fincas y las trabajan. Y en Bellmunt, al menos, no han desaparecido tantas fincas.

Para hablar de Maria Carme luchadora nos remontamos al Priorat de antes, donde todos los payeses eran socios de la cooperativa y “las cooperativas iban mal, no vendían el vino (…) y el payes iba a su aire” dice Maria Carme. Un director general de Madrid “en tiempo de Franco” consideró que Priorat merecía ser considerado y se creó el CIT (Centro de Iniciativas Turísticas), parecido a lo que sería una oficina de turismo actual, que se dedicaba a dar a conocer Priorat en todas partes. Se la invitó a ferias por toda España y Maria Carme fue escogida presidenta poco después de su fundación.  Lo fue durante 25 años. Sara le pregunta qué promovían y ella, muy divertida, contesta “humo”. Y es que Priorat no tenía restaurantes ni alojamientos y, de hecho, si la zona era conocida, lo era como zona vinícola, no como destino turístico. Por lo tanto “Era algo un poco avanzado para la época, que igual en aquel momento no hacía mucho trabajo, pero …” comenta Sara.

Y llegó la democracia y se hicieron elecciones en los ayuntamientos. Maria Carme fue escogida alcaldesa de Bellmunt en las primeras elecciones, y de hecho cuando Sara le pregunta “¿cómo se te ocurrió?” y contesta como no podía ser de otra forma: “A mí no se me ocurrió ser alcaldesa” Porque le llegó un poco de rebote y hubiese podido decir que no, pero no lo hizo y se atrevió a ser alcaldesa en un momento en que solo había 7 en toda Cataluña.

Un poco más adelante, presidenta de la Cooperativa de Gratallops. También le propusieron, no se le ocurrió a ella. Y también aceptó, no se planteó decir que no. Lo hizo y fue presidenta. En un momento muy difícil para las cooperativas, recordemos lo de que “el payés iba a su aire”. De hecho, Maria Carme estaba en la junta de la Cooperativa de Bellmunt, pero decidió desmarcarse y se fue de la Cooperativa Comarcal, y ahí fue cuando ella decidió irse a la Cooperativa de Gratallops. Y la Cooperativa de Bellmunt no prosperó, de hecho, desapareció. ¿Una intuición? No lo sabe, pero algo debió ver.

Y esta trayectoria le supuso un reconocimiento por su trabajo y por el hecho de ser mujer y, como tal, la invitaron a muchos actos, ella habla de bolos a los que intentó no ir nunca porque “¿qué tengo que decir? ¿qué tienen que decir de mí?” Siempre ha encontrado excusas para no ir a ningún acto “mucho trabajo y muchos problemas” Sara habla de referente y ella reconoce que, a lo mejor sí, pero que “Yo no lo he buscado” Y aunque ella no recuerda todo lo que aportó a la cooperativa y su funcionamiento. Es consciente que cambió las cosas, hubo un antes y un después. Ella responsabiliza del cambio a Jaume Ciurana, el que entonces era Director General del Incavi. Una persona que amaba Priorat y el vino. Era enólogo y descendiente de la comarca, y apostó fuerte para cambiar las cosas: “si se tiene que vender vino se tienen que hacer las cosas bien hechas. Y se tienen que cuidar la uva desde que se planta la cepa hasta que se vende el vino” E iban por las cooperativas repitiendo el discurso y “la gente se los escuchaba y les parecía música celestial” Pensemos que, en ese momento, no había vino embotellado, solo Escaladei embotellaba. Eran finales de los 70 y principios de los años 80.  Y explica: “vinieron con tu padre, René Barbier y todos esos que, claro, pagaban la uva muy bien y se fue mucha gente de la cooperativa porque en la cooperativa no cobraban” Porque el vino se tenía que vender, pero como muy bien decía el padre de la Maria Carme: “se tiene que vender, pero se tiene que cobrar”  

Hizo muchas cosas como presidenta, primero dejarse asesorar por la Federación de Cooperativas, es decir aceptar que no lo sabía todo. Y después y puede que lo más importante de todo, poner un gerente “Porque tiene que haber un gerente. Que un payés no tiene por qué saber ni estar todo el día allí, porque tiene trabajo en el campo y no puede estar todo el día allí, en un despacho” Y poco a poco, la cooperativa se fue adelante y “ahora cobramos cada mes” Y lo dice como si fuera una gran cosa, porque de hecho lo es.

Maria Carme: “Si no hubiésemos estado nosotros, todos ellos, ni René Barbier, ni Álvaro Palacios, ni Carlos Pastrana, no hubiesen encontrado absolutamente nada, sino la cooperativa no hubiese existido. Los payeses ante la evidencia han tenido que hacer las cosas bien hechas. Han tenido que venir de fuera para que lo vieran claro porque a los de aquí no se los creían.”

Sara: “Ha pasado en muchas partes, pero también tiene que ver con el cansancio, de verlo desde dentro, cuando has luchado, cuando has trabajado y no sales adelante. Y no lo ves. Y te lo dicen. Y no lo ves. Y no lo haces. Y te lo dicen. Y no lo ves. Y no lo haces. Entonces alguien lo hace y dices: ah, pues a lo mejor sí. Pero…. ¿no? Se necesita aprender. Lo que tú dices… no sabemos…”

Maria Carme: “Entonces, algunos iluminados que nos lo debíamos creer o no sé lo qué”

Sara: “Lo visteis antes. Pero ya teníais como una intuición. Porque luchaste mucho antes de que nada fuera evidente”

Es curioso como no fueron conscientes de la lucha, de todo lo que defensaron y trabajaron por mantener… pero es verdad que desde la cooperativa se hizo un gran trabajo. Desde la cooperativa y también por parte de Assumpció Peyra en Escaladei, Magdalena de Masia Barril (que no embotelló hasta 1980 y que también iba por todas las ferias a defensar el vino del Priorat), August del Celler Cecilio. I muchos otros que creyeron en el Priorat cuando no era nada. Entre ellos “aquel director general… cómo se llamaba (…) si lo viese, alucinaría, pobre. Porque ese hombre también lo vio”.

Le preguntamos si hubiese hecho algo distinto: “No, me parece que no. A lo mejor no pieso tan lejos. Y ahora todavía menos. Ahora pienso al día. Porque cada día me trae alguna cosa distinta” dice muy convencida.

Sara le pregunta si bebe vino y nos dice: “poco, los domingos” con la familia, con sus hermanas. Le gusta y siempre tiene dos botellas en la cocina, pero solo bebe los domingos. Y, sobre todo, siempre regala vino, tal y como decía Jaume Ciurana y siempre recuerda.

I no puede ser de otra forma, Sara tiene que preguntar por el rancio: “Y los rancios. ¿Habéis hecho rancio alguna vez?” Una barrica de vino rancio que empezó su padre. Un vino rancio de vino blanco (“porque el de vino tinto se echa a perder”). “Y, ¿lo tomas?” le pregunta Sara. “Sí, me gusta. Con dulce. Cuando como dulce. Sí que me gusta” Y lo probamos y brindamos. Vino rancio con galletas. ¡Un lujo!

¡¡Gracias Maria Carme!! ¡Un placer conversar contigo y con todo lo que representas!

 

 

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